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Historia

“1921. REGIMIENTO DE CABALLERÍA ALCÁNTARA: CRONOLOGÍA DE LA GESTA”.

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“X/XI. LA DEFENSA DE ZELUÁN”.

Autor: L. Carlos Domínguez Deprá. (Basado en su libro “La gesta del Alcántara y los valores militares”; inédito, será de descarga gratuita de http://cemixugrmadoc.ugr.es/pages/7-publicaciones/7a-biblioteca-conde-de-tendilla-directorio/condetendilla ).

Sábado 23 de julio de 1921, por la tarde. Alcazaba de Zeluán.

La alcazaba de Zeluán, del siglo XVII, está guarnecida por soldados obligados a entrar en ella para defenderla, al portar armamento, así como por unos 300 indígenas, de regulares de caballería y de diferentes “mías” (compañías) de policía. En total, con el Alcántara, son unos 650 militares. Además, también se refugia en ella personal civil, incluidos mujeres y niños. En la tarde del sábado 23 de julio de 1921, la situación en su interior es caótica.

Las fuerzas de Alcántara que han llegado durante esa misma tarde del sábado (135 cazadores supervivientes, a los que hay que sumar otros 83 en Batel/Tistutin) son distribuidas entre dos puertas de la alcazaba, al noreste y noroeste (esta última, la principal).

Poco después, hace alto en dicha puerta principal un coche con oficiales aviadores; el aeródromo de Zeluán, con los seis biplanos “de Havilland DH-4” de la segunda escuadrilla, está a unos 500 metros al noroeste de la alcazaba.

Conversan con el jefe de la posición, capitán Carrasco, de la policía indígena (el mismo que en Monte Arruit le ordenó al alférez Maroto que el “escuadrón provisional” se dirigiera a Zeluán). Como consecuencia de este encuentro, el capitán Carrasco pide un oficial voluntario para desplazarse a defender el aeródromo, ofreciéndose el alférez Maroto (2º escuadrón).

Alcazaba y aeródromo de Zeluán. Zonas de defensa del Alcántara, sobre fotografía aérea de la época.

Maroto parte de la alcazaba en un camión Hispano-Suiza, con el sargento Díaz (2º) y otros 30 cazadores (de empleo soldado), todos ellos voluntarios. Los 32 jinetes del Alcántara se incorporan a la fuerza ya existente en el aeródromo: dos oficiales -uno de ellos el teniente Martínez Vivanco, su jefe- y unos veinte soldados de diversos oficios. La fuerza completa se distribuye para la defensa entre los tres pabellones existentes y el hangar de aviación.

Esa misma noche los rebeldes rifeños comienzan a hostigarles. La alcazaba, por su parte, también se encuentra totalmente cercada esa noche.

Sobre las 03.00 horas del domingo 24 de julio, parte de los regulares de caballería trata de desertar, produciéndose un combate con las fuerzas de Alcántara ubicadas en las puertas. El sargento Miguel Rivero Lizcano (1º escuadrón del Alcántara) se lanza contra ellos para evitar que huyan y muere en combate, además de siete desertores.

Pasados unos días, los defensores del aeródromo empiezan a sufrir la falta de víveres y de munición. Por ello se organizan tres convoyes de suministro, desde la alcazaba hacia el aeródromo. Estos convoyes deberán recorrer al galope la zona de separación -muy batida por el fuego-, entregar los suministros y regresar de igual modo a la alcazaba, por lo que se trata de una misión muy arriesgada. En estos tres peligrosos convoyes al aeródromo participará exclusivamente personal voluntario del Alcántara; por ejemplo, el soldado Tesifonte Expósito Mailanes (5º), que formará parte de los tres, o el cabo Celestino Fragoso Caro (2º) y el soldado Florentino Moreno Martín (5º), que participarán en los dos primeros .

El primer convoy, el martes 26 de julio, con 21 jinetes, es dirigido por el capitán Jacinto Fraile Rodríguez (jefe del 2º escuadrón de sables). Como más caracterizado del Alcántara en la alcazaba y también jefe de escuadrón del alférez Maroto, acude el primero a socorrer a sus cazadores del aeródromo -con seis corderos y 2.000 cartuchos-, muriendo por el fuego rebelde. Sólo 6 jinetes consiguen regresar.

El segundo, el domingo 31 de julio, los componen 14 cazadores al mando del teniente Ángel Calderón Gaztelu (3º) , con tres corderos y 1.200 cartuchos. Sólo vuelven 9.

El tercero y último, el lunes 1 de agosto, de 7 jinetes, lo manda el sargento Ramón López Hernández (2º). Lleva también munición y tiene orden de quedarse en el aeródromo, con los caballos, para que los defensores se los coman. Llegan a su destino sólo 3.

En la alcazaba, la puerta principal será defendida por el cabo Emiliano Pajuelo Díaz, con la única ametralladora existente, tras un parapeto de ladrillos. Durante los 10 días que durará el asedio (del 23 de julio al 3 de agosto) el cabo no consentirá en ser relevado ni siquiera para comer.

Las defensas de la alcazaba y del aeródromo, así como la realización de las aguadas de la alcazaba, costarán numerosas bajas a los jinetes del Alcántara durante los días de asedio.

Finalmente, la tarde del martes 2 de agosto se rinde el aeródromo (aunque Maroto logra en el último momento quemar los aviones) y el miércoles 3 por la mañana la alcazaba. Son asesinados gran parte de los defensores; sólo unos pocos lograrán sobrevivir.

Continuará…(Último artículo: “XI/XI. La defensa de Monte Arruit”).

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