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Una rueda de prensa en seis meses. ¿Transparencia?

Los melillenses deben saber que esta política de comunicación a la que a veces nos someten es tan reprobable como dar una rueda de prensa desde un plasma o convocar a los periodistas para no aceptar preguntas, técnicas que tanta polémica provocaron en el pasado y que en Melilla están imponiéndose de manera cada vez más habitual y peligrosa. Son cortapisas a la información que coartan un derecho fundamental de la ciudadanía y que ningún cargo público debería permitirse el lujo de intentar llevar a cabo

No es la primera vez que lo denunciamos en estas líneas. Melilla ha dado en los últimos tiempos muchos pasos atrás en cuanto al derecho a la información de los ciudadanos. Y no es porque los medios de comunicación, con mucho esfuerzo, hayamos bajado los brazos en su labor de informar a la opinión pública. Es que cada vez nos encontramos con más obstáculos para realizarla. A menudo, quienes ponen esos obstáculos son los propios cargos públicos que, precisamente por ello, porque están en un puesto remunerado con dinero público para defender (supuestamente) el interés general, deben estar sometidos a una mayor transparencia y comunicación a los ciudadanos.

Por supuesto, como en todo, no conviene generalizar. No todos los cargos públicos son igual de esquivos a la hora de dar cuenta de su gestión a la opinión pública. Pero en Melilla tenemos algunos casos que merecen una denuncia pública. Uno muy palpable es el de la consejera del Menor y Familia, Cecilia González. El próximo lunes cumple seis meses desde que asumió esa responsabilidad, aunque ya llevaba unos meses, desde el 19 de marzo de 2021, en la Asamblea como diputada. Desde el 14 de agosto, que tomó posesión como consejera, Cecilia González sólo ha dado una rueda de prensa. Es decir, que sólo en una ocasión los medios de comunicación hemos tenido oportunidad de preguntarle por su ámbito de gestión, que en Melilla es especialmente importante, por el elevado número de menores extranjeros no acompañados acogidos que siempre hemos tenido acogidos en los centros de protección de la Ciudad Autónoma, la cantidad de problemas que ha generado y, en definitiva, por la materia tan sensible de la que se trata.

Más allá de esa única rueda de prensa, que dio el 30 de septiembre (han pasado casi cuatro meses y medio), el único contacto que ha tenido Cecilia González con los medios han sido dos audios grabados remitidos a la prensa, el último ayer, en medio de la polémica sobre la acogida de extutelados en un garaje. Los medios de comunicación querían información y los responsables de prensa los despacharon con un audio de poco más de tres minutos y medio como si fueran lentejas.

Los melillenses deben saber que esta política de comunicación a la que a veces nos someten es tan reprobable como dar una rueda de prensa desde un plasma o convocar a los periodistas para no aceptar preguntas, técnicas que tanta polémica provocaron en el pasado y que en Melilla están imponiéndose de manera cada vez más habitual y peligrosa. Son cortapisas a la información que coartan un derecho fundamental de la ciudadanía y que ningún cargo público debería permitirse el lujo de intentar llevar a cabo.

Pero Cecilia González no es la única. Por ejemplo, la consejera de Salud Pública, Francisca García Maeso, apenas convoca a la prensa, aun teniendo muchas explicaciones que dar en cuestiones tan preocupantes como la rabia o la pandemia. La última vez que lo hizo, prácticamente abroncó a los periodistas pidiéndoles que la dejaran trabajar, como si dar información a la ciudadanía no fuera parte de su trabajo (muy importante, por cierto). O Mohamed Ahmed, consejero de Distritos, que no habla desde el 14 de diciembre y han pasado ya casi dos meses. Y también algún viceconsejero, como Abderrahim Mohamed, al que no vemos desde el 4 de diciembre.

También en la Delegación del Gobierno hay algunos cargos públicos que parecen tener urticaria a los micrófonos y que acumulan meses sin ponerse ante ellos (Sanidad, Seguridad Social, Agricultura y Pesca, etc). Una actitud que podría llevar a pensar que el trabajo que realizan es poco importante como para tener que explicarlo a la ciudadanía, y que denota que en los tiempos donde debería imperar la transparencia, algunos sobreviven en sus cargos imponiendo el oscurantismo. Los melillenses deben saberlo.

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