Todo el mundo sabe que las escolleras son un lugar muy peligroso, dominado por adolescentes y menores marroquíes que tienen como gran obsesión colarse en alguno de los barcos y zarpar como polizones para llegar a Europa. Por eso el espaldón está cerrado a cal y canto con una verja, para que nadie pase, aunque estos niños y jóvenes siempre se las ingenian para colarse. Han hecho de las escolleras, por desgracia, una ciudad sin Ley y un escenario de sucesos cada vez más graves. Lo que relataba ayer la Guardia Civil pone los vellos de punta Hace casi 10 años, el espaldón del puerto fue inaugurado de manera flamante tras meses de obras y una gran inversión para que los melillenses lo utilizaran como lugar de paseo. Se recuperaba así un lugar emblemático, a los pies de Melilla la Vieja, a espaldas del puerto, desde donde contemplar el horizonte y la intensa actividad que suele haber en los muelles de atraque. Poco duró la alegría para los melillenses porque hace ya muchos años que nadie va allí por gusto. Todo el mundo sabe que es un lugar muy peligroso, dominado por adolescentes y menores de edad del país vecino que tienen como gran obsesión colarse en alguno de los barcos y zarpar como polizones para llegar a Europa. Por eso el espaldón está cerrado a cal y canto con una verja, para que nadie pase, aunque estos niños y jóvenes siempre se las ingenian para colarse. Han hecho de las escolleras, por desgracia, una ciudad sin Ley y un escenario de sucesos cada vez más graves. Lo que relataba ayer la Guardia Civil en un comunicado pone los vellos de punta a cualquiera.
Según la Benemérita, un menor marroquí de 16 años, asiduo de la escollera, ha sido agredido dos veces en un espacio de apenas 72 horas en aquellas rocas, donde le han rajado los dos lados de la cara. La primera, para robarle. La segunda, como venganza por haber presentado denuncia. Además, en este segundo asalto, que se produjo dos noches después, lo tuvieron atado de pies y manos 5 horas para agredirle sin miramientos. Lo peor es que, como afirma la Guardia Civil, no son hechos aislados porque en los últimos tiempos ha habido robos, agresiones y otros delitos en aquella zona, donde la peligrosidad es tan elevada que prácticamente los agentes ni siquiera pueden entrar solos si no es montando un fuerte despliegue como el del miércoles de madrugada, en el que hallaron a 26 magrebíes que estaban en la zona, dos de ellos con prohibición de entrada en el espacio Schengen.
Las escolleras y, por extensión, las zonas aledañas de Melilla la Vieja y el Mantelete, no pueden convertirse en un lugar de impunidad como está ocurriendo. Lo hemos dicho muchas veces en estas líneas: Melilla, si quiere presumir de ser una ciudad moderna, no puede permitirse que día sí y día también haya en sus calles menores extranjeros no acompañados sin ningún control, a menudo niños de corta edad, que malviven en la calle sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Llevamos años con este problema a cuestas que debe ser solucionado ya de una vez por todas. El peligro es contante para estos jóvenes que asumen demasiados riesgos, y también para los melillenses que se sienten inseguros y hartos de ver cómo todo sigue igual o incluso va a peor. El problema de los menores debe ser resuelto ya sin más demora para evitar que un día pueda ocurrir una grave desgracia, como las que ya han ocurrido con muertes de algunos de estos chicos en los últimos meses.
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Una ciudad sin Ley en las escolleras
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