Agua de Trara
El sanchismo se desmorona. Podrá durar más o menos, pero está políticamente muerto. No gobierna, lo que se debe no sólo a que le falten apoyos para disponer de mayoría parlamentaria, sino que no tiene voluntad de gobernar. ¿Qué es gobernar? No consiste en aplicar o anunciar normas caprichosas, sino en establecer un orden en beneficio del interés general. El todavía presidente Pedro Sánchez y su banda nunca se han dedicado a ello. Su objetivo principal ha sido y es el pesebre del dinero público. Han ido mucho más lejos de vulnerar la Constitución. Quieren establecer, y en parte lo han conseguido, un neo caciquismo con los recursos económicos que administra el Estado. El derroche es tan evidente que a pesar de un aumento indecente de la presión fiscal la deuda pública aumenta de año en año, mientras que la renta per capita de los españoles no para de disminuir. Polonia, Grecia y Portugal están cerca de adelantarnos.
Muchas de las actuaciones del llamado Gobierno pueden ser consideradas canalladas, por el daño que hacen al conjunto de la ciudadanía. Vayamos por la que yo considero la primera: ha sido puesto en libertad el asesino de mi amigo Gregorio Ordóñez, un psicópata apellidado Carasatorre, que un día de enero de 1995, por la espalda, mató de un tiro en la nuca al que era concejal de San Sebastián, cuando comía con unos amigos en un bar de la Parte Vieja. La responsabilidad de esta canallada corresponde a la consejera de Justicia del Gobierno vasco, la socialista María Jesús San José, en una interpretación abusiva de la ley que ya ha merecido la censura de un juez de la Audiencia Nacional. La canallada, por supuesto, ha tenido el impulso y la bendición de Pedro Sánchez.
Esta es la esencia del sanchismo: trato de favor a los terroristas de la ETA, al mismo tiempo que se descalifica a la oposición democrática. Esto no es tener poca vergüenza, es no tener ninguna.
Merece también el rango de canallada la mafia de autócratas iberoamericanos que Sánchez reunió en Barcelona, al servicio de una pretendida y ridícula internacional “progresista”, financiada por el hijo de ese extravagante multimillonario llamado George Soros.
El todavía presidente del Gobierno ya forma parte del grupo de políticos que después de llegar al poder mediante un proceso más o menos democrático se dedican a vulnerar las libertades ciudadanas. Fue lo que hizo el Frente Popular entre febrero y julio de 1936, que culminó en la Guerra Civil, tras el asesinato por un pistolero socialista del diputado monárquico José Caslvo Sotelo. Resulta bien conocido el caso alemán de Adolf Hitler y su partido nazi, pero hay bastantes más: el ruso Vladimir Putin, el venezolano Chavez, el nicaragüense Ortega y los islamistas egipcios, sólo por citar algunos.
Siguiente canallada: proponer que la Unión Europea revoque el acuerdo preferencial con Israel. El autócrata que ocupa el palacio de la Moncloa quiere romper relaciones con el democrático Estado judío, al mismo tiempo que es felicitado por la tiranía de los ayatolas iraníes, los grupos terroristas que son financiados por Teherán y el dictador chino.
Parece mentira que un diplomático de carrera como el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, sea tan ignorante de cuestiones claves de la política internacional. Claro que no es el único ministro cuya gestión merece un cero. Le acompañan en la misma nota el titular de Justicia, Bolaños, que ha declarado la guerra a jueces y magistrados; la de Vivienda, Rodríguez, que no hace más que deteriorar el mercado inmobiliario; el de transportes, Puente, responsable de un lamentable funcionamiento del ferrocarril que ha causado 46 muertos; el de Interior, Marlaska (née Malasca), inútil para hacer frente a la delincuencia; la portavoz Saiz, cuyo trabajo consiste en desinformar, o el de Transformación Digital, López, paradigma de la incompetencia.
Frente a un Gobierno cuyos miembros puntúan entre el suspenso y el cero, se alza una Magistratura que cumple con su deber y unos medios de comunicación independientes cuyas notas se encuentran entre el sobresaliente y la matrícula de honor. Me refiero a títulos como El Mundo, ABC, La Razón, El Debate, The Objective, OK diario, El Español, Voz Populi, Libertad Digital y El Confidencial. Son quienes mantienen la bandera de la democracia en España, junto con programas de la COPE, Onda Cero, Telemadrid, Trece y Antena 3.
Todos ellos denuncian las continuas mentiras del sanchismo. Esta semana hemos sabido, gracias a una extraordinaria periodista de The Objective, que era falsa hasta la utilización de un Peugeot para el recorrido de Sánchez por España, cuando en realidad se desplazaba en un elegante y caro Mercedes. O sus intentos de pucherazo en el Comité Federal del PSOE.
La regularización masiva de inmigrantes, rechazada por la gran mayoría de la opinión pública, es otro caso de un Gobierno que no tiene en cuenta los intereses generales. Si no está al servicio de las mafias se le parece mucho.
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Una canallada tras otra
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