melillahoy.cibeles.net fotos 1384 Jorge hernandez web
Ha habido en este siglo dos inusuales acontecimientos. El primero de carácter universal, como fue la renuncia de un Papa, Benedicto XVI, de gran talla intelectual y solidez doctrinal para la vida de la Iglesia. El segundo de carácter más nacional, aunque de evidente trascendencia internacional, como fué también, la renuncia del Rey Juan Carlos I a la Corona de España.
Detrás de esas dos grandes decisiones hay todo un profundo proceso de madurez, reflexión y generosidad para abandonar definitivamente las más altas responsabilidades y cotas de poder en favor de quienes podían y tenían que afrontar los nuevos retos que la sociedad exigía y demandaba. Dos preclaros ejemplos que deberían ser muy tenidos en cuenta por quienes hoy se resisten a dejar paso a nuevas ideas, renovados impulsos o a una mayor frescura intelectual exigida por una formación adaptada a una nueva era digital en las que se han roto las fronteras de la información y comunicación tecnológica.
Estamos inmersos en una nueva etapa de la vida española. La dictadura se enterró después de una brillante transición que ha consolidado definitivamente nuestra democracia. Invocar ahora la democracia para fracturar España, como hacen esa incomprensible agrupación de tediosos independentistas catalanes, es un insulto a la inteligencia y a la historia moderna de nuestra nación.
España necesita en este momento de políticos e intelectuales que, sin estar condicionados por el pasado, defiendan precisamente desde los principios constitucionales y desde un renovado orden internacional, nuestra apasionante aventura como nación para afrontar los complejos y graves problemas que acechan a la humanidad.
Nuestros jóvenes necesitan equilibrar su alto nivel de información tecnológica con una más sólida formación humana e intelectual, no exenta de valores; los desordenados movimientos migratorios se están convirtiendo en un serio desequilibrio de las sociedades receptoras; el terrorismo islamista es un azote criminal de incalculables consecuencias para la estabilidad mundial y la corrupción o el tráfico de seres humanos, drogas o armas rememora la esclavitud y el declive de sociedades en épocas pasadas.
Pero nada de esto nos debe amedrentar a los españoles. España ha demostrado a lo largo de muchos siglos, que es capaz de afrontar y superar grandes retos y problemas que han dejado su impronta y testimonio en el mundo. Sus hombres y mujeres han escrito a lo largo de los siglos brillantes páginas de su historia en el terreno de lo social, lo político, lo cultural o lo económico.
Desaprovechar este patrimonio por egoísmos o mesianismos personales o por la ausencia de una conciencia colectiva como nación sería como renunciar a escribir un nuevo capítulo de esa gran historia. Como Benedicto XVI o el Rey Juan Carlos es la hora de dar un paso atrás para impulsar un gran salto hacia adelante.
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