En España hay, para la mayoría, poco de todo; y en Catalunya, también. Falta de todo: trabajo, vivienda, becas, camas hospitalarias, urbanidad, justicia diligente, cultura, salarios dignos, guarderías, residencias de mayores, futuro… Falta lo mismo, más o menos, en un sitio y en otro, y son los mismos, llámense Rato, Bárcenas o Pujol,…
… quienes se lo han llevado. La mayoría, a la que le falta casi todo, a la que han rebañado lo poco que tenía, asiste estupefacta a la movida cainita, fratricida, entre quienes, a sueldo del Estado, debieran velar exclusivamente porque a la gente no le faltara tanto de todo eso.
Los políticos catalanes independentistas cobran, como todos, del Estado español, es decir, de todos los españoles, del diezmo que les sustraen de su trabajo y de sus fatigas. Pero son, por demasiado españoles tanto los sediciosos como los otros, del género de los que, en vez de resolver los problemas, los crean. Si uno se pone a ahondar en la artificial fractura (que no es tanto la abierta entre españoles y catalanes como entre los políticos catalanes y españoles con los ciudadanos), puede encontrar causas, argumentos y razones para todos los gustos, pero si a lo que se pone uno es a mirar el bochornoso espectáculo que están dando los que por acción u omisión ahondan esa fractura, y el efecto que sobre la población española/catalana tiene ese zugarramurdi de burgueses y funcionarios ociosos, lo que ve no puede suscitar en la mayoría carenciada sino lo que suscita: indignación, hartazgo y tristeza.
La gente, las personas, esas a las que ahora requieren o mendigan lo único que les queda, el voto, están hasta los mismísimos tanto de la desvergüenza secesionista como de la caspa y la ineptitud de quienes gobiernan el conjunto de la nación. Falta de todo, a la gente le falta de todo, pero sólo se oyen las voces desatentadas y locas, en los noticiarios, de los embaucadores del pueblo catalán y de los que hacen chistes, como Fernández Díaz, de guardias civiles por la Diagonal. Ni el pueblo español ni el catalán, que son el mismo pueblo como lo son todos los pueblos del mundo, no se merecen eso: una cuerda de burgueses privilegiados, bien comidos y bien bebidos, encantados de conocerse, escamoteando el urgente mejoramiento de la realidad.
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