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Siete años, un nuevo anhelo

La buena sintonía que predomina en las relaciones políticas con Marruecos en estos últimos años tampoco borra el anhelo de la población de Melilla de volver a vivir un día histórico como aquel 6 de noviembre de hace 7 años ahora que España tiene un nuevo Jefe de Estado Ayer se cumplieron 7 años de uno de los días más importantes de la historia reciente de Melilla. Quienes aquí vivimos tenemos el recuerdo del 6 de noviembre de 2007 grabado a fuego en la memoria como el día en que esta ciudad se sintió, al fin, en pie de igualdad respecto al resto de España gracias a la visita de los Reyes. Melilla, casi siempre protagonista de malas noticias cada vez que aparece en la prensa nacional e internacional, fue aquel día el epicentro informativo por un hecho histórico como era recibir una Visita Real 80 años después, la primera de la etapa democrática de nuestro país. Los melillenses, conscientes de ello, se echaron a la calle como nunca antes y aquel gesto, que causó asombro en la prensa de fuera de nuestras fronteras por la recepción multitudinaria de miles de personas a Don Juan Carlos y Doña Sofía, fue la muestra más palpable de que Melilla es española, se siente española y, lo más importante: quiere seguir siéndolo.

El paso de los años no ha transformado ese sentimiento generalizado de los melillenses, que actualmente ha perdido quizá el cariz reivindicativo ante la ausencia del reclamo soberanista del país vecino, antaño mucho más fuerte. Pero esa buena sintonía que predomina en las relaciones políticas con Marruecos en estos últimos años tampoco borra el anhelo de la población de Melilla de volver a vivir un día histórico como aquel 6 de noviembre de hace 7 años ahora que España tiene un nuevo Jefe de Estado.

Imbroda ya ha transmitido su petición a Felipe VI en las oportunidades que ha tenido de invitarle a que venga a Melilla, la única región española, junto con Ceuta, que no ha visitado nunca como Príncipe de Asturias. Visitar las dos Ciudades Autónomas es, por tanto, una asignatura pendiente para Don Felipe no ahora que es el Monarca, sino desde que era el Heredero. Esta realidad, lejos de ser un mal augurio, debería ser una razón de peso para no dejar pasar tantos años como ocurrió en el caso de sus padres. Antes o después, lo importante es que esa Visita Real se produzca por la enorme carga simbólica que supone para dos ciudades tan sensibles como Ceuta y Melilla, que hace 7 años demostraron su orgullo de formar parte de un país frente al constante cuestionamiento exterior y la sorpresa de aquellos que aún viviendo en España, suelen malinterpretar este sentimiento patriota confundiéndolo con ideas políticas rancias que nada tienen que ver.

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