Los melillenses que ayer 1 de agosto salieron a Marruecos y regresaban en la misma jornada vivieron una auténtica pesadilla dado el caos y desbarajuste que se formó en los accesos a nuestra ciudad, donde cuatro de los cinco carriles en la parte marroquí estaban ya copados por los vehículos del comercio atípico. Unas esperas que superaban las dos horas que, según afirman, no fue lo peor: "Lo peor de todo es la tensión que se vive porque te juegas la vida con unos coches que no respetan ningún orden y van a por todas para conseguir el mejor sitio". Según los melillenses que expresaron su testimonio, la policía marroquí se vio desbordada por tantos coches y que únicamente puso algo de orden cuando vio que la cola, que llegaba hasta el puerto, no permitía salir los coches que habían desembarcado de un ferry que enlaza con Beni-Enzar. Pero si pesadilla vivieron los conductores, otro tanto de lo mismo sufrieron los residentes cerca de la frontera de Beni-Enzar porque en plena madrugada no cesaron de oírse los pitidos de los cláxones en forma de protesta. Algo que impidió conciliar el sueño a quienes viven junto al puesto. Una noche, realmente, para recordar por estos sufridos melillenses. Por ello, han reclamado que durante el verano, la frontera de Melilla funcione como los domingos y se abran tres o cuatro carriles para aligerar el paso a la ciudad.
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