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Mucho en juego

Si se llegara a dar por bueno que se ha entrado en España con sólo tocar la primera valla, la exterior, es decir la que da a Marruecos, supondría una hecatombe no sólo para Melilla, sino para España y el conjunto de la Unión Europea Las organizaciones no gubernamentales han conseguido llevar ante el juez a los dos máximos responsables de la Guardia Civil en Melilla, el Coronel-Jefe Ambrosio Martín Villaseñor y el Comandante Arturo Ortega Navas, en calidad de imputados, pero no parece que la cosa vaya a pasar de ahí porque teniendo en cuenta la razón esgrimida para ser denunciados y una vez oídas sus explicaciones, todo parece indicar que la denuncia es de corto recorrido.

Respetando la independencia judicial y acatando el veredicto que vaya a adoptar el titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Melilla, el magistrado Emilio Lamo de Espinosa, entendemos que la decisión asumida tanto por Villaseñor como Ortega es la única que se podía llevar a cabo ante un fenómeno como es la inmigración irregular. Los guardias civiles que tienen que enfrentarse a las avalanchas saben más que nadie lo que supone hacer frente a saltos masivos, en los que tienen actuar de una manera muy escrupulosa para, desde la legalidad, evitar que se cometa una ilegalidad como la penetración ilegal en el territorio nacional sin la documentación exigida y por un lugar no habilitado para ello.

Como ha admitido el propio Villaseñor tras su declaración de ayer en sede judicial, ha contado no sólo con apoyos decisivos como los del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, el director general de la Guardia Civil Arsenio Fernández de Mesa y el delegado del Gobierno en Melilla Abdelmalik El Barkani, sino también "de mucha gente, incluso de personas que ya tenía casi olvidadas".

Y no es para menos porque si se llegara a dar por bueno que se ha entrado en España con sólo tocar la primera valla, la exterior, es decir la que da a Marruecos, supondría una hecatombe no sólo para Melilla, sino para España y el conjunto de la Unión Europea, porque ya no hablaríamos de la entrada de una media de 3.000 inmigrantes al año, sino de millones de personas, el número de africanos que estrían dispuestos a salir de su país para buscar un futuro mejor en el Viejo Continente. Como ya se dijo, en ese caso deberíamos quitar la alambrada y recibir con una alfombra a los 'sin papeles' que escapan de las miserias de sus países de origen. Todos somos conscientes que eso sería insoportable porque no habría medios para atender las avalanchas que se avecinarían. Mucho está en juego pues con estas causas que ahora se dilucidan.

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