El viernes pasado, el autor fue víctima de un trato de maltrato inaceptable en el servicio de Traumatología del Hospital Comarcal. A pesar de haber sufrido una lesión en la rodilla y seguir las instrucciones del personal, el doctor que lo atendió se negó a tratarlo y lo envió a otro médico. Esta experiencia frustrante muestra la falta de respeto y empatía hacia los pacientes por parte de algunos médicos.

 

Denuncia pública de Cristina Guerrero

 

El pasado viernes, día 16 de febrero, fui víctima en el servicio de Traumatología del Hospital Comarcal de una situación de maltrato intolerable, bochornosa e injustificada, que me veo en la obligación moral de denunciar públicamente.

Hace unas semanas, el 25 de enero, sufrí una lesión en la rodilla que, desde entonces, me obliga a caminar con muletas y me mantiene parcialmente incapacitada. Como manda la lógica, en el momento de sufrir la lesión me dirigí al servicio de Urgencias para recibir asistencia. Allí, tras el preceptivo triage, se me ordenaron unas pruebas radiológicas y se me derivó al traumatólogo. Hasta ahí todo normal.

El problema comienza cuando me presento en la consulta de Traumatología del Doctor José Antonio Hernández Quiñonero -como se me había indicado- y este señor me pregunta si él me ha «atendido alguna vez». Le contesto que no, que vengo derivada desde Urgencias… y aquí es cuando comienza el episodio surrealista que motiva este texto: el doctor, sin siquiera preguntarme qué problema tengo o interesarse por mi lesión, me ordena que me levante y le acompañe a admisión, afirmando de manera airada que se negaba a atenderme porque yo no era una de sus pacientes, que ya iban «dos pacientes derivados esa mañana» y que estaba «hasta los cojones» (sic) y se negaba a «consentirlo». Ya en admisión, obedecieron las órdenes del médico y me dieron cita con otro traumatólogo para el día 21. ¿Conclusión del episodio? Pues que, después de ser víctima y testigo de este espectáculo lamentable, me quedo sin la asistencia que necesitaba, habiendo perdido la mañana, y con una sensación indescriptible de impotencia y rabia.

Con todo el respeto, muchos de los médicos que nos atienden deberían esforzarse en recordar -al menos de vez en cuando- varios aspectos que son básicos para el buen desempeño de su profesión. El más importante de ellos es que tratan con personas, no con números, y más concretamente con personas que seguramente están preocupadas, enfermas, y que no están en el Hospital por gusto, sino porque necesitan la ayuda que sólo ellos pueden ofrecer. ¿Qué culpa tiene el paciente de que haya errores o problemas en la asignación de las citas? ¿hasta qué punto es ético o incluso legal negarse a ofrecer asistencia a una usuaria del Sistema PÚBLICO que tiene una cita concertada? La consulta no es de su propiedad, señor Hernández Quiñonero, se trata de un servicio, del latín servitium (atender, cuidar, servir, adaptarse a otro o a otra cosa), que además nos cuesta a todos un buen dinero… y en mi caso, ¿ha atendido, ha cuidado, ha servido o se ha adaptado?

La burocracia, los cupos o las cuestiones internas no son ni culpa ni responsabilidad del paciente, por lo que deberian resolverse de manera interna sin implicar nunca un menoscabo de sus derechos.

Pero ojo, que voy más allá; incluso aceptando que haya existido un error con la derivación, y que el médico no tiene tiempo o medios para atenderme -todos sabemos lo saturados que están, y eso tampoco es culpa suya-, considero una absoluta falta de vergüenza el desprecio con el que el señor Hernández Quiñonero me despachó de su consulta, tratándome literalmente como si fuera basura. No hay derecho. Y aquí no hablamos ya de una cuestión de calidad asistencial, sino de una pura, absoluta y simple ausencia de educación, probablemente impulsada por un sentimiento de impunidad que hace tanto mal a los pacientes como a la imagen de los médicos en nuestra ciudad. ¿Qué me pasaría a mí, o que os pasaría a cualquiera quienes me leéis ahora mismo, si en el desempeño de nuestras funciones le dijeramos a un cliente/paciente/usuario que no nos sale «de los cojones» atenderles? Pues eso.

Escribo estas líneas después de haberme concedido unas horas para el sosiego y la reflexión, porque si llego a escribir lo que me apetecía el viernes, probablemente no hubiera habido medio que lo publicara. Este mismo lunes volveré al Hospital para poner una queja formal en Atención al Paciente, e invito a todos los melillenses que se sientan igualmente maltratados a no dejar pasar ni una de estas situaciones, porque el silencio es cómplice de estos atropellos y contribuye a su institucionalización.

Respeto y empatía, no creo que sea mucho pedir.

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Maltrato médico

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