El INE reporta un aumento en la emigración de ciudadanos chinos de España, motivado por el alza en alquileres y un deterioro en las condiciones económicas. Muchos están cerrando bazares y reinventándose en nuevos negocios.
El INE revela que la emigración bruta de ciudadanos chinos va en aumento. El encarecimiento de los alquileres y de las mercancías estaría detrás de esta tendencia. Los chinos se quejan de que España hace 10 años era un país mucho más barato y con muchas más oportunidades.
Parece que los ciudadanos chinos están abandonando España. Hasta ahora se había constatado que los bazares chinos estaban desapareciendo poco a poco ante la transformación que está sufriendo la economía (hay un gran aumento de las compras on-line). Parecía que era un simple cambio de negocio, pero se trata de un tema más profundo y todo hace indicar que los chinos también han comenzado a abandonar España, según los últimos datos publicados por el INE (Instituto Nacional de Estadística).
La causa más probable está el deterioro de las condiciones de vida y de la economía a nivel “micro”. Aunque la economía crece, vivir hoy en España es mucho más caro. El precio al alza de los inmuebles (tanto el de los alquileres, como el de la compra), unos salarios reales estancados, la creciente competencia y las múltiples trabas al comercio internacional (los bazares chinos importaban muchos bienes que vendían en sus tiendas), podrían ser algunas de las razones de esta tendencia.
Todavía los datos de la huida de los ciudadanos chinos son débiles, pero indican una preocupante tendencia. En los últimos trimestres de la Estadística Continua de Población se ha podido ver cómo la emigración de los ciudadanos chinos ha ido creciendo poco a poco. En el primer trimestre de 2025, el INE reveló la salida o emigración de 3.600 chinos, mientras que por el lado de las entradas no aparecen entre las diez primeras nacionalidades con mayor volumen. La tendencia muestra un incremento en los tres últimos datos publicados: en el tercer trimestre de 2024, las salidas fueron de 1.500 chinos, una cifra que pasó a 3.200 en el cuarto trimestre y que asciende a los 3.600 en el primer trimestre de 2025. Es curioso constatar que no aparecen llegadas de ciudadanos chinos a España entre las diez primeras posiciones que publica el INE de forma trimestral.
La tendencia actual era algo esperable: Frente al crecimiento de los años 2000 y algunos años posteriores, cuando la población china en España aumentaba cada año a doble dígito porcentual, en los últimos años se han producido aumentos que rondan solo el 3%. La imparable mejora de la economía china junto al estancamiento de España (el PIB agregado crece mucho, pero la economía familiar e individual tiene más problemas) podrían estar detrás de este parón en la llegada de chinos.
Los negocios principales de este sector de la población están sufriendo una creciente competencia y transformación, lo que ha forzado a miles de chinos a reinventarse o buscar suerte en otro lugar. España y sus condiciones de vida han cambiado drásticamente. Pese a que la economía crece en términos agregados, los alquileres se han disparado más de un 70% desde 2014, según datos de Idealista; no parece necesario señalar que los sueldos no han subido a ese ritmo.
Un dato realmente revelador lo aporta el Banco Internacional de Pagos, que en su vasta base de datos muestra que el precio real (después de descontar la inflación) de la vivienda en España se ha disparado un 42% de media desde el cuarto trimestre de 2013 (cuando el precio tocó suelo tras la crisis) hasta el cuarto trimestre de 2024. Mientras tanto, los últimos datos de salarios reales muestran un estancamiento o incluso un descenso en términos reales cuando se analiza la renta disponible.
La economía de España está en un escenario diferente al que había hace 20 años, ni siquiera se parece a la España de hace 10 años. Incluso después de la crisis de 2008, que arrasó nuestra economía, se veían oportunidades. La propia crisis del mercado inmobiliario hizo de España un país relativamente asequible, que ofrecía condiciones favorables para emprender: Los alquileres eran baratos, la comida y otros bienes básicos también tenían precios relativamente bajos, había poca competencia en sectores como el comercio al por menor y era una economía donde la demanda solo podía ir hacia arriba. Hoy (algo tendrá que ver Sánchez) todo es diferente. El aumento de la inflación, el encarecimiento del alquiler de locales y los cambios en el consumo están reduciendo o directamente acabando con la rentabilidad de muchos pequeños negocios.
Los ciudadanos chinos son especialmente sensibles a los cambios económicos, sociales y fiscales de los países donde residen. Los chinos están detectando que España y su economía ya no ofrece una calidad de vida como la del pasado.
Una nueva reconversión
Los bazares chinos son los que más están sufriendo el golpe y, aunque se puede producir una transformación o reinvención, los alquileres y los costes de las mercancías ya no son los mismos que en el pasado. El consumidor español está empezando a mostrar una propensión creciente al consumo de servicios frente a los bienes, dejando a los bazares chinos en un mal lugar. Parece que la calidad y la sostenibilidad de los bienes empieza a imponerse poco a poco frente a la cantidad y el precio. El modo de consumir también está cambiando: Amazon, Temu, Alibaba… se están imponiendo, relegando a un segundo plano a los establecimientos físicos.
Los autónomos de nacionalidad china están reorientando sus negocios hacia actividades del sector servicios, un sector con una enorme competencia y que cambia rápidamente, lo que complica sobremanera su supervivencia.
Tras más de dos décadas contribuyendo a la economía española, especialmente en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), ante la desaparición del comercio tradicional, los emprendedores chinos se tienen que reinventar o morir.
Los que se quedan en España han tenido que reinventarse a marchas forzadas: abren salones de belleza, tiendas de moda, restaurantes de alta cocina, de sushi, y complementos, comercios tecnológicos, bares de comida española (marisquerías o establecimientos de raciones y tapas), y servicios profesionales como academias, agencias de viajes o asesorías.
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