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La nefasta política actual y la mediocridad de los políticos

Los españoles estamos hartos de los enfrentamientos entre nuestros líderes políticos, de su falta de cordura, del desmesurado afán por mirarse sus ombligos y de la contumacia que les impide ver la triste realidad por la que pasa el país. La estúpida actitud que mantienen, la lamentable ineptitud por la que se rigen y la inequívoca mediocridad que les define, es la causa de la decepcionante opinión que invade en estos momentos la vida de este pueblo, que no puede consentir por más tiempo tan negativo y vergonzoso comportamiento. Y no me estoy refiriendo ni criticando la actitud de los líderes de un partido en concreto, sino la de todos los líderes de los partidos políticos, que más que partidos políticos son clanes, donde reinan las discordias y las envidias, el afán de protagonismo y el postureo. Nidos de arribistas y aduladores que se disputan los cargos, y a quienes solo les interesa la fama, el poder y mantenerse en sus poltronas para seguir viviendo del cuento.

Por desgracia, en la actualidad, hay muy pocos políticos por vocación y que merezcan este nombre; sin embargo, proliferan de manera increíble los “politicuchos” de ocasión, oportunistas coyunturales a la caza de un cargo que les ayude a salir del anonimato, la displicencia o la monotonía del trabajo que daba sustento a su mediocridad. No, desde hace ya unos años no existe esa clase política que añoramos muchos ciudadanos. Aquella que sacó a la España de la penumbra de la incultura, de la somnolencia que la había mantenido en silencio y apartada de Europa, del vergonzoso aislamiento cultural y social en el que se hallaba sumida o del sombrío atavismo religioso impuesto por un catolicismo de terror y frustración.

Sí, echamos de menos a esos políticos de pro que, aunque diferentes en ideas, redactaron nuestra Constitución, convirtieron a España en un país democrático, moderno y más equitativo e hicieron lo posible por cambiar su imagen. Sin embargo, hoy, ni siquiera se ponen de acuerdo para intentarlo y menos todavía, para sacarlo adelante. Y esta España, aún dividida por las discordias del pasado, se encuentra en estos momentos al borde de uno de los mayores cataclismos que ha sufrido a lo largo de toda su historia, por culpa de los cuantiosos partidos políticos superfluos que han proliferado en el país, cuyos líderes se matan por gobernarla, pero no por salvarla. Es tanta la sinrazón que les guía, el orgullo que no les deja ver más allá de sus ideas, la mediocridad de sus mentes y la falta de miras, que no se dan cuenta de lo equivocados que están ni les importa el malestar de la población. Prefieren seguir creando tensión y discordia entre ellos en lugar de apaciguar y poner fin al contumaz enfrentamiento que los separa, cuyas nefastas consecuencias las está padeciendo el pueblo. Un desencuentro político tan exacerbado, tan visceral y obstinado, que ni siquiera en la España de la transición fue tan visible y contraproducente para el país, como lo es en la actualidad; y en estos momentos, España no se puede permitir semejante sinsentido; Todos los partidos políticos han de aunar fuerzas apelando a la cordura política y haciendo que la unión cree lazos que sirvan de puente para limar asperezas y, de ese modo, dar solución a los graves problemas que tenemos.

La España de José Solé Tura y Manuel Fraga, la de Adolfo Suárez y Pérez-Llorca, la de Gregorio Peces Barba, Miguel Herrero de Miñón y Miquel Roca, padres de la Constitución de 1978, que han dejado huella de la historia parlamentaria española por sus ideas, por su amor a España, por el respeto a la palabra y al ideario político que representaban, está muy lejos hoy de los líderes políticos que nos gobiernan. Porque, en la actualidad, se pueden contar con la mano quienes están en política por vocación. Y esto lo generalizo a todos los que nos representan en esta España, que hoy parece más quebrada, más dividida y más desilusionada por todo lo que estamos viendo. La falta de miras, el egoísmo, el desmedido egocentrismo y el modo de entender la política, hoy lejano a la idea de cómo debe ser entendida por el verdadero político, está llevando a nuestros líderes a ejercerla de modo tan insensato y mediocre, como definió Valle Inclán el esperpento español en Luces de Bohemia, porque en este país la mediocridad, la insensatez, aparte del dinero, son los que imperan, realidad en la que deben pensar los líderes políticos de ahora, quienes, además de decepcionar a los ciudadanos con su displicente comportamiento, frustran sus esperanzas ante la falta de miras con la que actúan y el esperpéntico egoísmo, que llevan al país a un desastre inminente.

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