La caravana ‘Abriendo Fronteras’ ya está en la ciudad. Ayer desembarcó en Melilla, a primera hora de la mañana, después de atravesar el país en apenas cuatro días. Cerca de 500 personas y más de 100 organizaciones sociales participan en la iniciativa que no pretende otra cosa más que reivindicar el cumplimiento de los derechos humanos y el fin de las vulneraciones que tienen como escenario la Frontera Sur. “Ningún ser humano es ilegal”, defendieron los integrantes de la caravana pacífica. Este pensamiento compartido es la máxima que ha conseguido movilizar a cientos de personas, que permanecerán en Melilla hasta mañana día 20.
Porque “emigrar es un derecho y no un delito”, según repitieron en numerosas ocasiones los activistas que desean terminar con la “sangrante indiferencia” de las fronteras españolas. Porque la vida está para defenderla, rogaron a gritos: “Ni muros, ni fronteras, ni muerte en las pateras”.
“Queremos ubicar en el debate público cuestiones tan relevante como las violencias específicas que sufren las mujeres durante sus procesos migratorios; la trata con fines de explotación sexual o las devoluciones en caliente, que son a todas luces ilegales, según la legislación internacional. Las vallas con concertinas; la situación de trabajadoras del hogar transfronterizas y las porteadoras; las pésimas condiciones del CETI; la situación desesperada que viven los menores extranjeros no acompañados en las calles…”, enumeraron ante los medios activistas de Errefuxiatuak Bizkaia y SOS Racismo Madrid.
Actos simbólicos
La primera jornada de la caravana en Melilla acogió distintas actividades para mostrar la necesidad de establecer una política migratoria diferente que sea más respetuosa con los derechos humanos.
A media mañana, la plaza Menéndez Pelayo acogió una improvisada exposición de imágenes tomadas en la Frontera Sur. Realidades como la de los menores en situación de calle, la desesperación al otro la valla, la violencia policial o la lucha por llegar a tierras españolas estaban representadas en esta muestra, integrada por una treintena de imágenes sujetadas por los propios activistas.
A medio día se trasladaron a la playa de San Lorenzo. Con el mar de fondo, el sonido de la sirena reproducido a través del altavoz y el helicóptero de la Policía Nacional sobrevolando las cabezas de los miembros de la caravana, se desarrolló una ‘performance’ que pretendía recordar a los miles de migrantes que murieron al tratar de llegar a Europa. Personas tumbadas en la arena representaron los cuerpos sin vidas de quienes intentaron cruzar el Mediterráneo sin éxito. Los problemas técnicos impidieron que se desarrollase con éxito la actuación, pero el mensaje quedó lo suficientemente claro.
Preocupación por Melilla
Desde la caravana también mostraron preocupación por las condiciones de vida de los vecinos de Melilla. En este punto, señalaron que las estadísticas hablan de un tercio de la población en riesgo de exclusión y de unas 3.000 personas en situación de pobreza extrema. Pero esta situación "no va a encontrar solución convirtiendo Melilla en una fortaleza”, sostuvieron miembros de la iniciativa.
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