Un grupo integrado por unos quince argelinos trataba de hacerse dueño y señor de las instalaciones de acogida de la Granja Agrícola. Imponían el orden en el turno de comidas e incluso las cantidades a repartir entre unos y otros de manera que ellos siempre resultaban beneficiados en el momento de la distribución. Lo mismo solía ocurrir en el reparto de camas y en definitiva a la hora de recibir los diferentes servicios que propiciaba el Instituto de Migraciones y Servicios Sociales para el colectivo de inmigrantes ilegales residentes en Melilla. Asimismo los vigilantes de la playa atendieron a un niño de cinco años de edad que estaba perdido y que presentaba múltiples lesiones en todo el cuerpo.
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