Hoy está previsto que se reúnan, también a comer, el presidente del PP local, Juanjo Imbroda, y la secretaria general del PSME-PSOE, Gloria Rojas, en un clima enrarecido de ofertas hechas, ofertas retiradas y declaraciones contradictorias.
Nos parece bien que coman entre ellos, pero nos parecería mejor que lo hagan abiertamente y comunicando a los ciudadanos, que somos los que les pagamos y los que les votamos, por qué y para qué se reúnen. Y haciendo público, también, el resultado de esas comidas. Que los políticos se reúnan a veces para comer no debería ser una novedad y, por lo tanto, no debería ocultarse ni tratar de ocultarlo. En la terrible situación política de Melilla incluso deberían ser divulgadas este tipo de encuentros gastronómicos, para que los ciudadanos de una democracia estuvieran mejor informados de lo que los políticos, sus representantes públicos por ellos pagados, traman o intentan.
Ayer se reunieron a comer el tránsfuga político Jesús Delgado Aboy, y los dos máximos cargos del PP melillense, Juan José Imbroda y Miguel Marín. Es de suponer que hablaron de la gobernabilidad de Melilla. Es de lamentar que no hubieran comunicado antes que iban a comer juntos.
Hoy está previsto que se reúnan, también a comer, el presidente del PP local, Juanjo Imbroda, y la secretaria general del PSME-PSOE, Gloria Rojas, en un clima enrarecido de ofertas hechas, ofertas retiradas y declaraciones contradictorias.
Con un fondo extraño: el de las declaraciones públicas de Mustafa Aberchán, presidente del segundo partido de Melilla, Coalición por Melilla (CPM), quien insinuaba que el cambio de gobierno va a consistir en sustituir el voto de Eduardo de Castro, que sería destituido, por el voto de Jesús Delgado Aboy y la presidencia de Gloria Rojas.
Los melillenses asistimos, entre atónitos y asqueados, a este largo y oscuro proceso -parecido al Proceso que describió Kafka en el libro del mismo nombre- a espaldas de los ciudadanos, mientras Melilla agoniza. La transparencia de los políticos debería ser la norma, pero no es ni tan siquiera la excepción.
Nos parece bien que coman entre ellos, pero nos parecería mejor que lo hagan abiertamente y comunicando a los ciudadanos, que somos los que les pagamos y los que les votamos, por qué y para qué se reúnen. Y haciendo público, también, el resultado de esas comidas, para que los melillenses supiéramos qué se pretende hacer políticamente en nuestra ciudad, qué nos va a pasar, sin mentiras ni ocultamientos.
Es lo mínimo, y lo primero, que se puede pedir y esperar en un sistema democrático, como debería ser el nuestro.
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Comidas ocultadas, descubiertas
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