Ceuta y Melilla no son la misma cosa, pero tienen tantas cosas en común que los que están lejos de sus realidades incluso las confunden o creen que están unidas. La distancia geográfica ya se encarga de separarlas, aunque el entendimiento y la empatía entre quienes las gobiernan ha propiciado más de una década de buenos frutos en sus reivindicaciones comunes Ceuta y Melilla no son la misma cosa, pero tienen tantas cosas en común que los que están lejos de sus realidades incluso las confunden o creen que están unidas. La distancia geográfica ya se encarga de separarlas, aunque el entendimiento y la empatía entre quienes las gobiernan ha propiciado más de una década de buenos frutos en sus reivindicaciones comunes.
Las bonificaciones a la Seguridad Social, que fueron aprobadas hace justo 10 años, son un logro de aquel camino que las dos Ciudades Autónomas empezaron a recorrer juntas cuando sus presidentes, Juan José Imbroda en Melilla y Juan Vivas en Ceuta, ascendieron al poder con amplio apoyo parlamentario. Es sólo uno de los ejemplos de lo que los Gobiernos de Melilla y Ceuta han conseguido aunando esfuerzos y remando en la misma dirección, una postura inteligente si se tiene en cuenta lo que ya dijo Vivas el primer día de la cumbre: las dos Ciudades Autónomas, juntas como están ahora en preocupaciones comunes, son muy pequeñas en comparación con otras comunidades del país e incluso que otras provincias. Por separado son aún más pequeñas, lógicamente. De ahí que sea tan necesario que las dos sigan apostando por ir de la mano para intentar conseguir buenos resultados en las aspiraciones que ambos presidentes han denominado "estratégicas", y que no son más que las reivindicaciones comunes en asuntos nada baladíes como la negociación del nuevo sistema de financiación autonómica, la reforma económica y fiscal y otros asuntos que preocupan, como son el desempleo y las inversiones.
También es necesario que los gobiernos de las dos ciudades hagan fuerza en todo lo relacionado con la presión migratoria que sufren desde hace ya tiempo, pero con más intensidad si cabe desde que empezó este año, que ha sido especialmente crudo en cuanto a los intentos de entrada masivos que se han dado. En Ceuta han muerto 15 inmigrantes, mientras en Melilla también falleció otro cuando intentaba llegar en patera. Además, en nuestra ciudad estamos batiendo récords y la situación de alerta no decae pese a los movimientos que se están dando.
Es necesario que Europa se involucre de una vez por todas en este problema que también es suyo, pero no lo hará si las principales interesadas, como son las ciudades de Ceuta y Melilla, no hacen fuerza con una postura común. Y lo mismo en cuanto al resto del país. Por eso hay que alcanzar ya el Pacto de Estado que ha ofrecido el Gobierno, y al que la oposición no termina de unirse, seguramente para intentar sacar tajada electoral de un problema dramático que cada día se cobra nuevas víctimas y del que sólo se benefician las mafias que trafican con seres humanos dominados por el hambre, la pobreza, la miseria y la desesperación. Hay que desterrar los intereses electoralistas para frenar esta presión migratoria insoportable que mantiene en vilo a muchos melillenses y ceutíes y deteriora la fortaleza que deberían tener nuestras fronteras.
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