Categorías: Opinión

Adiós al escultor Mustafa Arruf

Por Enrique Delgado (El Alminar)

Mustafa Arruf es uno de los pocos melillenses que alcanzó, en vida, el honor de tener una calle con su nombre. Esto es algo reservado a muy pocos. Un artista siempre debe romper moldes, y uno ellos es el de ser profeta en su tierra, en este caso, Melilla. Mustafa Arruf sí ha triunfado en su tierra. No solo las calles melillenses están llenas de sus esculturas, sino que además fue profesor de taller, en la Escuela Municipal de Enseñanzas Artísticas, que debe llevar ya su nombre. Le faltó, eso sí, como a otros muchos, la Medalla de Oro de su ciudad natal.

Ocupar un espacio en el mundo del Arte Universal, no es tarea fácil, pero él lo había conseguido. Y no solo eso, sino también llegar a otras esferas artísticas, como puede ser la del mundo las Letras, a traves de su amistad con otros melillenses insignes, como Fernando Arrabal Terán, el más universal de cuantos melillenses lo hayan sido, y del que era amigo. Había conseguido acceder al particular Olimpo personal del gran dramaturgo, melillense de nacimiento, y mirobrigense (Ciudad Rodrigo) de adopción, al que le falta, como no, el premio Cervantes o el Princesa de Asturias. España es un país de faltas, y reconocimientos tardíos.

Mustafa Arruf nació en uno de los barrios de la expansión de Melilla, en las calles lindantes con el arroyo de Mª Cristina y el Barrio Hebreo. Esto le dejó la impronta de la humildad y la modestia, de la ausencia de cualquier rastro de vanidad, en su personalidad artística, y también personal.

En una etapa oscura, sus estatuas empezaron a «desaparecer» del Paseo Marítimo (una de ellas desapareció para siempre), motivo por el que pidió ayuda a «esta modesta torre del Alminar«, y por supuesto se la prestamos. Fueron momentos de gran tensión y de enorme hostilidad hacia esta humilde atalaya de vigilancia y observación.

El consenso entorno a la calidad de su obra es unánime, y acerca de su calidad humana también. Aquel apoyo nos lo devolvió con creces, y en 2019, cuando Fernando Arrabal acudió a la ciudad para inaugurar la sala de Fando y Lis, pudimos compartir unos instantes y fotografías con el más insigne melillense, y con él mismo. La representación de sus figuras de mujeres, con extremos metálicos (precursoras del T-1000) , son el emblema del Paseo Marítimo, y una de sus grandes rupturas de moldes. De igual modo, su gran obra Encuentros, es la llave que abre el camino al centro de la ciudad, y que también es un mensaje para el futuro de esta ciudad, que no puede ser otra cosa que «tierra de encuentros». O sigue siendo eso, que es lo único que la diferencia, o será una de tantas.

¡Que la tierra te sea leve, Mustafa Arruf, amigo!

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