Evento sobre la importancia del acompañamiento digital en la familia.
Las familias afrontan el reto de acompañar a los adolescentes en su vida digital. Especialistas en educación digital reclaman un acompañamiento familiar basado en presencia, confianza y comunicación abierta, para garantizar su seguridad y favorecer una relación saludable con la tecnología
Las familias desempeñan un papel clave en el bienestar digital de los adolescentes. En un contexto en el que redes sociales, videojuegos y otros servicios en línea forman parte esencial de la vida juvenil, se hace imprescindible que padres y madres dispongan de herramientas y conocimientos para acompañar de forma gradual y dialogada el acceso a la tecnología.
Así lo señaló Irene Cano, directora general de Meta en España y Portugal, durante el evento “Rumbo compartido: a acompañar también se aprende”, organizado por la compañía. Cano insistió en que “acompañar no es invadir”: es necesario estar presentes sin controlar en exceso, apoyar sin juzgar y trabajar en conjunto con instituciones, empresas tecnológicas y expertos.
La preocupación de las familias es real. Según explicó Hélène Verbrugghe, responsable de Asuntos Públicos de Meta, los padres tienen muchas dudas sobre con quién hablan sus hijos, qué contenidos consumen y cuánto tiempo permanecen conectados. Ante este reto, el encuentro reunió a especialistas en educación digital y madres para aportar orientación y experiencias.
En un primer panel, centrado en la adolescencia, Diana Al Azem, fundadora de Adolescencia Positiva, recordó que los adolescentes no han cambiado, pero sí el entorno en el que crecen. Curiosidad, impulsividad o necesidad de pertenencia son rasgos propios de esta etapa que, en la era digital, se amplifican. Por su parte, la experta en familias Laura Cuesta advirtió de que la regulación basada en la prohibición puede traer efectos indeseados: jóvenes sin autonomía o una rebeldía que aumenta los riesgos. Su propuesta: pasar del control al acompañamiento.
Las expertas coinciden en que los menores no son realmente “nativos digitales”. Aunque hayan nacido rodeados de pantallas, necesitan aprender a usarlas y a gestionar los riesgos. Por eso, el acompañamiento debe basarse en un diálogo abierto, algo que aún escasea. Cuesta alertó de que, cuando surge un problema, muchos adolescentes prefieren contarlo a amigos o incluso ocultarlo antes que acudir a un adulto, por falta de escucha activa.
La segunda mesa del evento puso el foco en las familias. Isabel Cuesta, de Educa en Positivo, habló del miedo de los padres ante el entorno digital, y de la necesidad de equilibrar protección y libertad. María Zabala denunció la desinformación que reciben muchas familias, lo que lleva a pensar que evitar el acceso a internet elimina los riesgos. Sin embargo, lo digital es parte de la vida: no se puede separar del mundo físico sin generar una peligrosa desconexión moral, especialmente entre quienes aún están construyendo su identidad.
El evento también destacó iniciativas como las Cuentas de Adolescentes, implementadas por Meta en 2024, que añaden más privacidad, límites de tiempo y supervisión parental sin acceso al contenido.
La receta final es clara: acceso progresivo, acompañamiento constante y educación en valores para un uso responsable del mundo digital.
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