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Carta del Editor

Yo no soy de nadie

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Ilustración

He tenido un sueño. Me he despertado y pienso sobre lo que he soñado. He repasado mi historia de los últimos casi treinta y ocho años y me he dado cuenta -como escribo en mis libros, memorias del periódico MELILLA HOY, cuyo primer tomo aparecerá en enero de 2022- que la vida del periódico y la mía están estrechamente unidas. Casi tanto como la vida del periódico MELILLA HOY y Melilla como ciudad, casi tanto como mi vida ha estado, y sigue estando como consecuencia inevitable, ligada a la histórica y española ciudad de Melilla.
También me he dado cuenta, no sin sorpresa, que mi vida melillense cambió profundamente en un momento determinado. No exactamente a partir del nacimiento del periódico -en abril de 1985- sino desde 1988, una vez que me di cuenta de que no había manera posible de superar la inquina y el boicot de unos políticos que utilizaban la política para satisfacer sus intereses personales, que era lo que hacían los que por aquellos años gobernaban, tiranizando y boicoteando a todo aquel que no fuera sumiso, que no les obedeciera, que simplemente pensara de otra forma, en lo que fuera. Y concluí que ese tipo de política tiránica, evidentemente perniciosa para Melilla y para la mayoría de los melillenses -excepto los que ostentaban el poder y los por ellos mantenidos- tenía que cambiar y que la obligación del periódico, el único de Melilla por aquel entonces -después los políticos, no los ciudadanos melillenses, nos crearon diversas competencias, tratando de eliminarnos- era apoyar un cambio político.
Así nació nuestro -y mi- apoyo al único partido que tenía entonces posibilidades de ganar unas elecciones locales, pero no manteniendo la estructura que tenía, que ya había perdido todas las elecciones de los últimos años, sino con una cabeza diferente. Así creamos la figura política del entonces amigo -del periódico y mío- Ignacio Velázquez, que se afilió al Partido Popular, ganó las elecciones locales y terminó siendo alcalde, primero, y presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, más tarde.
De aquellos años proviene la idea de muchos políticos de que yo “soy del PP”. La realidad es completamente diferente. Si yo hubiera querido ser el candidato del PP a las elecciones de 1991, lo hubiera sido, porque el PP, en aquellos años, se podía pensar que era más mío que otra cosa. Pero no quise ser candidato, porque yo estaba, y sigo estando, centrado en el periódico. Y hoy, desde luego, el PP no es mío, ni me hace el caso que me hacía en Madrid -a diferencia de lo que ocurrió hace años- ni aquí, en Melilla, en la que -trato personal aparte- el PP se ha portado con MELILLA HOY, durante los últimos treinta años, muchas más veces mal, e incluso muy mal, que bien.
Resumiendo: Yo no soy (y apelo a los pocos que de verdad me conocen) ni del PP, ni de nadie. Yo soy yo, y mis circunstancias, si se quiere y como bien dijo Ortega. Y yo, como todos, me tendré/nos tendremos que amoldar a las circunstancias, sin rendirnos ante ellas, porque todos, con nuestra actitud y en el ejercicio de nuestra libertad, podemos (y debemos) influir en las circunstancias. Sabiendo, por ejemplo, que la política, y los partidos políticos, deben de estar, en una verdadera democracia, al servicio de los ciudadanos, no al revés. Conscientes de que la política no es un coto cerrado en el que solo los políticos actuales pueden estar. Hay, además, momentos históricos, y este de Melilla es uno muy claro, en el que el cambio es imprescindible e inevitable y, por lo tanto, tal cambio debe llegar a todos, todos (sin excepción) los ámbitos de la ciudad, el político incluido, evidentemente.

El Imperio del Mal, no del Bien
En el ABC del miércoles son citados el escritor francés Philippe Murray y su libro “El Imperio del Bien”, por el columnista Ignacio Ruiz-Camacho. Murray escribió sobre el sistema, el sindicato de poder “cuyo factor de gobierno es el consenso político (reparto, corrupción) en el Estado de Partidos, ese “Imperio del Bien” en el que el vicio es la virtud, la mentira la verdad, el mal el bien, el valor la cobardía, la estulticia sabiduría…”, en resumen: “no te metas en política (conflicto) que de ella se ocupan los que saben”.
Esa es la consigna dominante hoy, disfrazada con un lenguaje que consiste en hablar mucho sin decir nada, pero utilizando y abusando de palabras que puedan sonar bien, en cuanto que vacuas e incomprensibles, como “visibilización; transversal; sostenible; vulnerable; contexto económico recogido en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia; gobernanza; transición ecológica y reto demográfico” y un largo etcétera de lo que Antonio Burgos ha definido como una nueva lengua, el “pedrosanchés”, que “igual que la fragmentación lingüística del latín dio origen a las lenguas románicas” ha sido creada por los políticos -con Pedro Sánchez a la cabeza- y difundida por los innumerables tertulianos de nuestro país, a fin de confundir al país y a los españoles. Lo triste es que lo están consiguiendo: estamos más cerca del Imperio del Mal que del de el Bien.

Posdata
Acciona, una empresa española, ha entrado a formar parte del grupo Njord, que va a construir en Dinamarca la primera isla verde del mundo, dedicada a desarrollar energía renovable marina. Se puede, si se intenta.

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