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Yennayer y Al-Ándalus: arraigo mediterráneo y profundidad histórica

Por Mohand Tilmatine

Catedrático de estudios amaziges, Universidad de Cádiz (https://hum683.uca.es/)

Director de la Cátedra amazige de Melilla (https://catedramazige.com/)

En estos momentos circulan muchos textos sobre Yennayer, sus orígenes, su historia o su significado, y cada uno aporta su granito de arena. De hecho, hemos llegado a escuchar etimologías completamente descabelladas, como que Yennayer derivaría de yen (primero) y aggur/ayur (mes).

Más allá de que este análisis no tenga ningún sentido desde el punto de vista lingüístico, es poco probable, ya que, según esta lógica, los demás meses deberían llamarse sin-ayurkraḍ-ayur, etc. De hecho, la palabra Yennayer deriva del calendario juliano, oficializado por Julio César en el año 45 a. C., que hacía comenzar el año con el mes de Ianiarius, dedicado a Iannus (a veces transcrito como Janus), el diuum deus dios de los dioses[1] con dos caras y que presidía los comienzos y los finales. Su efigie aparece ampliamente documentada en numerosas publicaciones como una figura con dos caras, mirando en direcciones opuestas y simbolizando el pasado y el futuro.

 

Fuente: Encyclopedia mythica https://pantheon.org/articles/j/janus.html

Iannus, que etimológicamente proviene de ianua, que significa «puerta» en latín, simboliza por tanto a este dios que abre las transiciones y las puertas del nuevo año, y por eso, a menudo se le representa con una llave.

Es imposible no pensar en nuestros tibburin useggwas (tibbura useggwas) del kabilio, por ejemplo, que darán el título de «Portes de l’année. Rites et symboles» a la obra clásica de Jean Servier (París, Laffont, 1962).

El hecho de que los otros meses también son de derivación latina es otra prueba muy sencilla de ello. Además, en esto, salvo algunos círculos de activistas identitarios, el consenso es general. Para la zona kabilia, bastaría con consultar al ya mencionado Servier, o a la revista Fichier Périodique (antiguo Fichiers de documentation berbère) y a las numerosas publicaciones existentes sobre el tema[2]. Lo que estaría en el centro del debate sería más bien la profundidad histórica de Yennayer, a veces relacionado con el calendario «Amazige», fundado por Agraw Imazighen (Académie berbère) por exiliados kabilios finales de los años 60 del siglo pasado en París y que celebra este año 2976.

Es evidente que no existen relaciones directas entre ambas cosas. En otras palabras, La elección del «primer bereber» para el poder en una posición importante de la historia, como la del faraón Sheshonq I o Hedyjeperra Setepenra Sheshonq Meryamón, que la mayoría de los egiptólogos sitúan alrededor de (946/45-925/24 a.C.)[3] es la fecha que se toma como referencia inicial del calendario “amazige”. Pues, Sheshonq I no celebró el Yennayer, por supuesto. Como en la mayoría de los casos, la elección de una fecha inicial, de un momento fundador histórico fue arbitraria. Se eligió como tal como una estrategia de movilización con el objetivo de valorizar la cultura propia, amenazada por culturas de su entorno mucho más poderosas como el árabe y el francés.

Por tanto, es una construcción pura y simple, como suele ocurrir en los procesos de identidad. También está claro que la «berberidad/amazigidad» de este faraón es más que cuestionable. Pero los procesos de patrimonialización de una cultura y sus símbolos no se preocupan de estos aspectos.

Todo es cuestión de punto de vista, porque, de hecho, ¿qué han hecho los llamados reyes y dinastías supuestamente amaziges que han gobernado el norte de África desde la antigüedad hasta hoy para desarrollar esta amazigidad? ¿Cuál fue la contribución de un Massinisa o de los Almorávides, Almohades u otros a su lengua y cultura que les hace merecer esta calificación de «amaziges»? Aparte de que son étnicamente bereberes y salvo algunos fragmentos de textos que nos han llegado, nada o prácticamente nada. Al contrario, a menudo han servido a las lenguas y culturas de los dominadores. ¿Significa esto que deberían ser ignorados? No, en absoluto, es absolutamente necesario asumir toda la herencia amazige del norte de África, pero depurada de mitos que pueden. a veces. volverse en contra de la propia causa.

Simplificando, podemos decir realmente que la masificación de las reivindicaciones bereberes, luego “amaziges” datan del siglo XX. Antes, no existían como tal. ¿Significa esto que la cultura y el idioma no existían? Claro que no. Hubo y existe, sin lugar a duda, una vivencia y una realidad amaziges con sus prácticas, rituales, literaturas, lenguas y particularidades.  Yennayer y sus festividades forman parte de esta cultura ancestral, pero que, al igual que la lengua, siempre ha sido marginada o incluso combatida por las culturas y religiones dominantes.

Desde el punto de vista histórico, no cabe duda de que las festividades de Yennayer son antiguas. Se remontan al menos a la época romana, pero probablemente sean más antiguas, al igual que las celebraciones de Navidad o Año Nuevo relacionadas con el Año Nuevo romano llamadas «las calendas de enero», un término tomado del latín calendae que designa los primeros días del mes para los romanos (https://cnrtl.fr/etymologie/calendes).

En una excelente contribución sobre Yennayer, Yidir Plantade hace referencia a «antiguas huellas» de esta celebración de los amaziges en el norte de África que se encuentran en los testimonios de Tertuliano (ca. 150-ca. 230): una representación de las celebraciones de las calendas de Ianiarus  en un conjunto de mosaicos fechados entre 222 y 235 encontrados en el yacimiento de Thysdrus (El Jem, Túnez) y, finalmente, de San Agustín (350-430) que, como otros autores cristianos, condena las festividades de las Calendas de enero, consideradas paganas[4].

Por tanto, las festividades de los Calendas de enero o Ianiarus son, con toda probabilidad, antepasados de nuestro Yennayer, celebrados en todo el norte de África hasta hoy, con, por supuesto, variaciones según las regiones y que se reflejan sobre todo en diferentes rituales y prácticas, pero también en la visibilidad y supervivencia de esta tradición, especialmente revitalizadas en la Kabilia. Combatida por la Iglesia Ortodoxa Romana, esta tradición parece haber sobrevivido incluso en las regiones saharianas, donde la influencia romana era casi inexistente. Sin embargo, a pesar de siglos de presencia romana y latina, las Calendas de enero ya no dejan rastros y San Agustín parece ser el último en mencionarlas.

Tampoco la llegada de los árabes y su conquista del norte de África dejarán huellas de estas festividades, aunque autores árabes, como al-Bakri, nos recuerdan que los bereberes en el periodo bizantino aún profesaban el cristianismo[5] . La rápida islamización del norte de África, liderada inicialmente por los árabes omeyas, introduciría un cambio abrupto y un calendario litúrgico musulmán que, al igual que la religión en su conjunto, se extendería a los ámbitos civiles y se superpondría al calendario juliano.

El calendario agrario sigue basándose en el calendario juliano y en otros como el copto, o especialmente en los calendarios del tipo nawɛ – anwāɛ. Estos últimos, que constituían todo un género literario en la época de Al-Ándalus, se determinaban por los ciclos del sol, las posiciones o constelaciones de las estrellas (astrometeorología) que utilizaban para establecer las previsiones meteorológicas[6] y, por tanto, su uso e impacto en el trabajo agrícola. Al-Ándalus, la joya de la cultura musulmana de la época, fue el crisol donde todas estas influencias se unieron manteniendo las prácticas rituales de las diferentes religiones. El componente étnico bereber o amazige de las diferentes oleadas que llegaron a tierras ibéricas es ampliamente conocido y demostrado. Por tanto, no es sorprendente que Yennayer aparezca también en al-Ándalus. A diferencia del norte de África, su existencia está efectivamente registrada en textos andaluces al menos desde el siglo X. El calendario de Córdoba del siglo X (961) menciona el primer mes del año como Yennayer, con una descripción completa de las actividades relacionadas.

Entre las celebraciones más extendidas en Al-Ándalus, podemos mencionar en orden cronológico, en el día de año nuevo, Yannayer —la fecha en la que los musulmanes andaluces celebran el inicio del año (ra’s as-sana) comprando fruta y horneando pasteles como el actual roscón de Reyes en imitación de las celebraciones navideñas e incluso, parece, imitando la víspera de Nochevieja. Los musulmanes de Al-Ándalus lo llamaban laylat-al ɛaǧūzu [7], o bien laylat al-Ḥağūz. Un calendario andaluz anónimo explica este nombre por el hecho de que este día «separa el año que termina del año que comienza». El mismo texto añade que este festival también se llama Yennayer[8].

Yennayer es, en efecto, una festividad que, originalmente, era celebrada no solo por mozárabes (Mustaɛrab), es decir, poblaciones cristianas arabizadas (dhimmis) que habían mantenido sus tradiciones, sino también cada vez más por musulmanes. La coexistencia de las tres religiones hizo que cristianos, musulmanes y judíos coincidieran y celebraran juntos estos momentos[9]. Muchos textos antiguos lo confirman perfectamente. Por ejemplo, el poeta andaluz Ibn Quzman lo cita en su poema (Zéjel) número 72, en el que describe extensamente el ambiente festivo de Yennayer y la abundancia de comida y pasteles en los mercados. Las frutas secas, dátiles, higos secos, bellotas, almendras apiladas en los puestos y la atmósfera que emanan de ellos recuerdan a los olores de los festivales locales del norte de África. Además, la presencia bereber es bastante clara en otro de sus poemas, el Zéjel número 40, dedicado a un agellid amazige… Sí.. el término agellid (Rey, soberano en lengua amazige) aparece así en este poema y que el poeta, en la tradición de la época, alaba destacando el valor y las luchas del soberano para pedirle «ofrendas» para poder celebrar a Yennayer con dignidad. Aquí un extracto:

1 ¿Te vas, agellid, por tedio o enfado?

En tormento dejas los corazones de los amigos

….

9 Si llega enero [Yennayer] y se cumple mi voluntad,

he de ponerme mis mejores galas,

dar un con vite e invitar a los vecinos:

bástete enero, que fiesta haré de él [10].

 

Los musulmanes participaban en festivales cristianos y judíos como la Navidad (el nacimiento de Jesús), el Ɛanṣara (mencionado en el Talmud y que corresponde a las fiestas de Pentecostés y San Juan (24 de junio). Este último festival también se llamaba Mahraǧan en árabe y celebraba el regreso del solsticio de verano [11]. Los musulmanes andaluces también participaron junto con el resto de la población en festivales paganos como el NairuzNawruz (de origen persa, marzo/abril para celebrar el regreso del sol que coincide con el equinoccio de primavera), pero también el Yennayer, que coincidía con las festividades de la Epifanía (la llegada de los Reyes Magos, celebrada en España el 6 de enero)[12].

Esta realidad era tan común y extendida que la práctica de Yennayer se convirtió en sinónimo de práctica pagana y como un acto de prohibición abierta (ḥarām). A partir de entonces, los tratados de los juristas musulmanes se encargaron de evitar y prohibir la participación en estas festividades «impías».

Uno de los primeros ejemplos de estos tratados es el Kitāb al-bidāɛ, de Ibn Waḍḍā al-Qurṭurbī (814-900). Para Andalucía, en particular, la prohibición de las festividades navideñas (Milād) de los Ɛanṣara y Yennayer vino de la mano del jurista de Ceuta, Abū l-Ɛabbās Al-Ɛazafī (en su nombre completo: Abú al-Ɛabbās Ahmad abū Ɛabdallah Muḥammad ibn Aḥmad al-Lakhmi al-Sabtí (1162–1236)), en su tratado de propaganda del siglo XII Kitāb al-durr al-munaẓẓam, para introducir la festividad del Mawlid [nacimiento del profeta) y poner fin a Yennayer[13]. Desde entonces, hemos celebrado el Mawlid, pero muchos siguen considerando Yennayer y el Ɛanṣara como festivales «impíos».

 

[1] R. Schilling, 1960, « Janus. Le dieu introducteur. Le dieu des passages », Mélanges d’archéologie et d’histoire, tomo 72, 1960, p. 89-131.

[2] H. Genevois, «Le calendrier agraire et sa composition », Fichier périodique nº 125, 1975 (I), disponible en línea en la excelente página de los escritores en lengua kabilia,  Ayamun : http://www.ayamun.com/LE-CALENDRIER-AGRAIRE-ET-SA-COMPOSITION-H.GENEVOIX%20.pdf

[3] https://www.ucl.ac.uk/museums-static/digitalegypt//chronology/sheshonqi.html

[4] Y. Plantade, « Yennayer en Afrique du Nord : Histoire d’un mot » publicado en el sitio en línea  Tamazgha (http://tamazgha.fr/Yennayer-histoire-d-un-mot,2388.htm).

[5] Al Bakri, trad. De Slane, Description de l’Afrique septentrionale, 2º ed. Alger, 1913, p. 74.

[6] Muchas publicaciones existen sobre el tema; ver por ejemplo al-Dīnawarī, Kitāb al-anwāʾ, ou bien M. Forcada Nogues, 1993, Kitab al-anwā’ wa-l-azmina – al-qawl fi l-šuhūr de Ibn ʻĀṣim, CSIC.

[7] B. Boloix Gallardo, 2011, “Las primeras celebraciones del Mawlid en al-Andalus y Ceuta, según la Tuḥfat al-mugtarib de al-Qaṣtālī y el Maqṣad al-Šarīf de al-Bādisī”, Anaquel de Estudios Árabes 22, p. 80.

[8] Mª-Á. Navarro, 1990, Risāla fī Awqāt al-Sana. Un calendario anónimo andalusí, CSIC, p. 160-161.

[9] D. Navarro, 2014, “Fiestas religiosas andalusíes: interculturalidad e hibridismo confesional en el Diwān de Ibn Quzmān”, eHumanista 27, p. 471 (Santa Barbara, Californie).

[10] Zéjel 40,  Ibn Quzman. El cancionero hispanoárabe. Edición preparada por F. Corriente Córdoba,Madrid, Editora Nacional, p. 1p. 121 y 123,

[11] M. Esperonnier,  « al-Nuwayrī: Les fêtes islamiques, persanes, chrétiennes et juives », Arabica XXXII, 1985, Note de pág. nº 59.

[12] D. Navarro, 2014, p. 471,

[13]  F. La Granja, 1970, “Fiestas cristianas en al-Andalus (Materiales para su estudio). II: Textos de al-Turṭušī, el cadí Iyāḍ y Wanšarūsī”, Al-Andalus, 35, p. 5, citado por Boloix Gallardo, p. 81.

 

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