Cada mañana nos levantamos con el deseo, con la esperanza de que el número de personas contagiadas por esta enfermedad haya disminuido. Pero son muchas, demasiadas, las que la han contraído, que luchan en hospitales y en sus hogares por superarlas.
Algunas viviendo el aislamiento en la soledad de una sala de hospital sin más compañeros que sus propios pensamientos y los cuidos de personal sanitario cuya labor está siendo en estos días digna de los mayores elogios posibles. Si vivir una enfermedad es triste, hacerlo sin ningún ser querido al lado debe ser mucho peor.
Para todas las personas que están enfermas y también para sus familias que sufren por no poder estar a su lado, pidamos a Nuestra Patrona que interceda especialmente por su recuperación.
¡Virgen de la Victoria! con Fe y devoción te imploramos para que sanen pronto quienes están aquejados con este mal, que queden libres de las cadenas de una enfermedad que ha segado ya la vida a cientos de miles de personas y ha sembrado el dolor y la tristeza en todo el orbe.
Finalicemos esta exhortación a nuestra Patrona con una oración de San Juan Pablo II:
Oh Virgen María, Salud de los enfermos,
que has acompañado a Jesús en el camino del Calvario
y has permanecido junto a la cruz en la que moría tu Hijo,
participando íntimamente de sus dolores,
acoge nuestros sufrimientos y únelos a los de Él,
para que las semillas esparcidas durante el Jubileo
sigan produciendo frutos abundantes en los años venideros.
Madre misericordiosa, con fe nos volvemos hacia Ti.
Alcánzanos de tu Hijo el que podamos volver pronto,
plenamente restablecidos, a nuestras ocupaciones,
para hacernos útiles al prójimo con nuestro trabajo.
Mientras tanto, quédate junto a nosotros en el momento
de la prueba y ayúdanos a repetir cada día contigo nuestro "sí",
seguros de que Dios sabe sacar de todo mal un bien
más grande.
Virgen Inmaculada, haz que los frutos del Año Jubilar
sean para nosotros y para nuestros seres queridos,
prenda de un renovado empuje en la vida cristiana,
para que en la contemplación del Rostro de Cristo Resucitado
encontremos la abundancia de la misericordia de Dios
y la alegría sin fin del Cielo.
Amén!
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¡Virgen de la Victoria, Salud de los enfermos!
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