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Vacunación Covid

Desde el estado de ánimo que causa el drama que no cesa, me refiero a la erupción del volcán Cumbre Vieja en la isla de La Palma-, y a pesar de que no es el único que nos afecta y de qué forma -crisis energética, laboral, económica, de valores y hasta política- , no puedo dejar de reflejar mi celebración por los buenos datos de la evolución local de la epidemia, y desde la esperanza de lograr la máxima cobertura vacunal posible, animar a sus responsables a seguir en esta estrategia de trabajo.

Si la única esperanza que nos quedaba la semana pasada era mirar al cielo, para que el buen tiempo fuera el dinamizador económico que de otros lados no llega, la estacionalidad natural ha irrumpido y ya no cabe; menos aún con el anuncio de que las enfermedades víricas respiratorias van a crecer en su incidencia, y esto también forma parte de la normalidad. 

Ello hace aún más necesario el mantener las medidas higiénicas preventivas -mascarilla, distancia e higiene frecuente de manos-, y realizar las vacunaciones posibles (gripe, neumococo, etc..); sobre éstas, y cuando ya ha comenzado la vacunación antigripal en otras comunidades -haciendo lo preconizado desde este espacio, al aprovechar el acto para la tercera dosis de Covid-, en Melilla se prevé su inicio en la primera quincena de noviembre. ¿Porqué debemos ir siempre detrás de los demás?

Para finalizar una recuperación de la memoria, en el paralelismo negativo al que me refería la semana pasada, sobre la deficiente gestión del gobierno tanto de la epidemia como la derivada de la erupción -siguen sin llegar a los afectados las ayudas públicas-, cabe incluir las dos últimas sentencias sobre la ilegalidad de los estados de alarma, que el Gobierno declaró para afrontar la epidemia. Hoy cobra más fuerza lo que en su día dije sobre el gobierno de Sánchez, que pasó del twist -fase inicial- al baile de la escoba -con la cogobernanza-, como forma inútil de diluir responsabilidades, y eso se paga antes o después.   

Nota.- Son loables las denuncias y gestiones sindicales – lo del inefable Aberchán  me recuerda al Pegasus, pero si resulta sólo cabrá  felicitarle-, ante la práctica imposibilidad de acudir a las pruebas de Andalucía (SAS) del personal sanitario de Melilla, con las actuales fechas y horarios; pero también hay que referirse al viceversa -que puede ser el casus belli-, ya que nadie de Andalucía podrá venir fácilmente a nuestras pruebas. No puedo ser fariseo y dejar de entender los posibles móviles que INGESA pueda tener en ello, tanto en la defensa de su interés corporativo como los de los propios trabajadores melillenses, en muchos casos aspirantes a sus propios puestos de trabajo. Sin embargo por encima de todo ello, deben de estar las personas y sus justas aspiraciones de progreso personal y profesional.

Sólo su resultado final dará y quitará razones.

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