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Un gobierno de mal guiso

Quizá influida por Masterchef, Chicote y los ciento y pico de programas de cocina de las diferentes cadenas televisivas, la política es en España un gran fogón en el que se cuecen los más improbables gobiernos. Cada partido tiene su propia receta, aunque todas lleven adosada la denominación de origen, como los calamares a la romana, los callos a la madrileña o…

… los pescaitos fritos. El chef Mariano Rajoy, un suponer, lleva ya tiempo proponiendo un guiso parlamentario a la alemana con pocos pero calóricos ingredientes, a saber: el partido conservador, el socialdemócrata y tal vez el de Albert Rivera para darle una nota de color “azafrán” al invento. Pero va ser que no. Su contrincante Pedro Sánchez no quiere que su partido sea perejil de esa gran coalición y allá que se fue a Lisboa para pedirle a un colega la receta del gobierno a la portuguesa. Se trata en realidad de un viejo plato combinado con su toque de socialdemocracia, su salsa roja de comunismo y, como novedad, el picante que le aporta la izquierda de la izquierda. Más partidario de la cocina griega, el también socialista Pablo Iglesias (junior) se sumaría a la fórmula portuguesa propuesta por Sánchez, aunque primero quiere asegurarse de que el líder del PSOE ejerce de cocinero y no de pinche en sus propios fogones. Y a esto hay que sumar aún las dificultades de orden aritmético que plantea el guiso, al que habría que añadir por fuerza algunos ingredientes secesionistas – como la Esquerra Republicana – de difícil digestión para el lectorado que ha de comerse semejante plato.

A favor del cocido a la alemana que proponen Rajoy y algunos cocineros veteranos expertos del PSOE juega su probado éxito en las mesas de Berlín, capital de la que salen las tendencias gastronómicas de moda en Europa. Hablamos de un plato sencillo, sólido y contundente como cualquier producto alemán, basado en el contraste de ingredientes que, en el fondo, no tienen un sabor demasiado distinto. El estofado conservador admite sin problemas un toque de gasto social, aunque no sea exactamente lo suyo. Y a su vez, el socialdemócrata combina con ingredientes capitalistas tales como el crecimiento económico o la competitividad. Fue así como Ángela Merkel introdujo la subida del IVA o el retraso en la edad de jubilación en su primera grosse Koalition con el SPD en 2005. A cambio, los socialdemócratas añadirían en el nuevo pacto de 2013 un salario mínimo en Alemania y la subida de impuestos a los contribuyentes más ricos. Los dos partidos compartieron el gasto de imagen ante sus respectivos electorados: y ahí siguen, por ahora.

No ocurre lo mismo con el plato de estilo griego que quiere condimentar Podemos, de difícil degustación – como se ha visto – para una Europa en la que manda precisamente la canciller alemana. Y está por ver lo que suceda con la receta portuguesa en la que ahora se inspira el socialdemócrata español Pedro Sánchez. Todo lo que se sabe es que socialistas y comunistas deben negociar día a día en Lisboa las cuestiones de gobierno, lo que acaso obligue a que los chefs pasen en la cocina más tiempo del necesario.

Probablemente ninguno de los guisos tenga efecto “gobierno alguno” de lo que se está cociendo ahora en España, país de grandes cocineros que, sin embargo, no cuenta con políticos habituados a esa mezcla de sabores ideológicos. Lo más lógico es que haya que ir de nuevo al mercado central del voto para ver si otras elecciones dejan un Congreso surtido de ingredientes más manejables y que se entremezclen para mejor sabor y degustación. Solo es de esperar que, sea cual sea, no se nos indigeste “el guiso en el plato”. Ya hemos visto lo que ha ocurrido en “la cocina catalana”, que han preferido ese mal guiso llamado “President Puigdí” cambiando y añadiendo ingredientes indigestos de última hora adquiridos en mercadillos. Mucho me temo, que a los propios cocineros, chefs, pinches y comensales les pueda acarrear en cualquier momento una muy peligrosa “diarrea anticonstitucional” con “hospitalización” incluida.

Ni España, ni Cataluña incluida están para bromas de “cocinitas”, pero así está el patio.

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