Categorías: Opinión

Un curso intenso

Aún a riesgo de caer en el tópico, el curso político que acaba de comenzar se presenta no sólo intenso, sino importante por la serie de acontecimientos previstos y los resultados que estos puedan arrojar al panorama político de nuestro país. Lo más inmediato es los pasos que en las próximas semanas se darán en el proceso soberanista de Cataluña planteado por Mas y sus socios de ERC. El jueves de la próxima semana tendrá lugar una nueva celebración de la Diada en lo que se espera sea otra demostración de fuerza y de presencia en la calle del independentismo catalán. A los pocos días el Parlamento de Cataluña aprobará la denominada ley de consultas con la que Mas pretende vestir de legalidad su convocatoria de referéndum del 9 de noviembre, que será inmediatamente recurrida por el Gobierno de la Nación ante el Tribunal Constitucional y que este, previsiblemente, suspenderá. En ese momento es cuando se verá si Mas sigue desafiando al Estado de Derecho o busca una salida más lógica: la convocatoria anticipada de unas elecciones autonómicas que serán planteadas en términos plebiscitarios.

A nivel nacional, la irrupción de Podemos y las expectativas electorales que, encuesta tras encuesta, se otorga a la formación de Pablo Iglesias, situándola ya a muy poca distancia del PSOE, ha revolucionado el mapa de la izquierda. El principal reto lo tienen los socialistas y su nuevo líder, Pedro Sánchez. Si el partido fundado por el otro Pablo Iglesias no marca territorio propio y se distancia de los postulados populistas y en algunos aspectos antisistema de Podemos, mal le irán las cosas en las próximas citas electorales, la primera de ellas, las elecciones municipales y autonómicas en mayo del próximo año.

En cuanto al PP, tras el mal resultado obtenido en las elecciones europeas del pasado mes de mayo, donde, a pesar de ser el partido más votado, se dejó en el camino siete millones de votos con respecto a las elecciones generales de hace casi tres años, da toda la impresión de que Rajoy fía el futuro político y electoral suyo y de su partido a dos factores: a la recuperación económica y a que, ante la más que probable alianza de partidos de izquierda en una especie de "frente popular" del siglo XXI, el voto del centro y del centro-derecha se aglutine mayoritariamente en torno a las siglas populares. Ambos factores tienen un cierto grado de riesgo. El de la recuperación económica consiste en que el ciudadano de a pie no note todavía esa mejoría. En cuanto a ser el único referente para frenar a la izquierda, es confiar demasiado en uno mismo, sobre todo cuando durante estos tres años el PP ha dado muestras más que sobradas de haber abandonado algunos de los principios y valores que le hicieron ser el gran partido del centro-derecha en España y por lo que ya sufrió un duro castigo en las últimas elecciones europeas.

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