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Opinión

Tras la trágica semana en Melilla, toca reflexionar

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Hospital comarcal de Melilla

Los datos nacionales de la epidemia están en franca mejoría,  las claras tendencias a la baja tanto de la incidencia acumulada a 14 como la de a 7 días, son un portal cada vez más grande a la esperanza, ya que están en el rango de las mejores cifras alcanzadas en el verano de 2020; sin embargo -siempre hay un pero-, a un precio siempre elevado de hospitalizados y muertos, por que aunque el avance de la cobertura vacunal es claro, y sus efectos sobre la evolución de los infectados también, los miles de infectados y el centenar de fallecidos diarios, son cifras difíciles de comprender en nuestro sociedad desarrollada y perteneciente al primer mundo, por la creencia de ser inexpugnables, y que no es más que un espejismo interesado e iluso.

Cuando estamos asistiendo esperanzados a decirle adiós a la quinta ola, el ínclito dr. Fernando Simón decía recientemente, que habría sexta, séptima y octava olas epidémicas en España, sin citar bagaje técnico alguno en que basar su augurio; pero en este  caso, su “bola de cristal” puede acertar, ya que uno de cada cuatro españoles no está vacunado, con lo que  el terreno está abonado para que sucesivas olas epidémicas -aunque se prevé que cada vez sean de menor intensidad- tengan lugar. Y que quede en eso,  porque si aparece una variante mayor del virus -y tener a un 40% de la población mundial sin vacunar es abonarse a ello-, como en el juego de la oca, la partida empezará de nuevo.

En Melilla, la situación real no es peor ni mejor que en el resto de España -el retraso coyuntural de las incidencias nos da un escenario peor, aunque creo que será de carácter transitorio-, pero la trágica semana que ha acabado, deja la triste noticia de tres muertes por el virus, y ello debe de hacernos pensar en qué estamos fallando los ciudadanos; porque está claro que algo estamos haciendo mal, solo cabe calificar así las imágenes que vemos diariamente, aglomeraciones de personas sin observar las medidas higiénicas, besos y abrazos sin distancia ni mascarilla, etc .. Hoy la prudencia nos debe de hacer mantener en vigor, el uso preventivo de la mascarilla  -dentro y fuera-, la distancia social y la higiene frecuente de las manos.

Pero también hay que decir que los que gestionan nuestra salud pública, deben de revisar sus principios de actuación, para no caer en errores cometidos con anterioridad como la imprevisión, así solo se puede calificar el que el laboratorio de salud pública lleve semanas cerrado “por cuestiones burocráticas o administrativas”, o la falta de soluciones imaginativas en la captación de los jóvenes -el claro objetivo para mejorar tanto el presente como el futuro de la epidemia en Melilla-; veo con sana envidia los equipos ambulantes de vacunación de otras autonomías, en botellones o ¡a las puertas de los estadios!. Y me reitero en que los accesos a Melilla, puerto y aeropuerto, son los lugares más transitados de nuestra ciudad, ¿porqué no aprovecharlos para los tests y/o la vacunación?

N.A.- La sociedad española está inmersa en una brutal crisis de valores, que la pandemia ha agudizado y hecho más palpable, al materialismo se ha unido el individualismo, que junto a la secular moda de huir de lo espiritual -paso siguiente al de la condena de lo religioso-, arrastra a nuestra sociedad hacia su desnaturalización de sociedad occidental y democrática. Y en esa ambigüedad, los movimientos populistas y extremistas -de base religiosa o no-, tienen el campo libre para su implantación, lo que nos llevará al desastre.

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