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Carta del Editor

Todo pasa y todo queda

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Juegos Olímpicos de Japón

Los Juegos Olímpicos de Japón. “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”, escribió Antonio Machado y cantó Serrat. Ya han pasado estos Juegos, aunque retrasados un año, que superaron el covid. Solo eso ya tiene mucho mérito. En cuanto a resultados deportivos y el medallero final, cuyo orden se establece por el número de oros conseguidos por cada país, los de España en su línea más bien mediocre, 3 oros (17 medallas en total) y puesto 22, entre los 204 países participantes, de los cuales solo 71 han obtenido alguna medalla.

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El ganador de los Juegos, en dura competencia con la potencia emergente, China, ha sido Estados Unidos, con 39 oros y un total de 113 medallas. Japón, el país organizador, siempre tan eficaz, ha sido el tercer clasificado. La próxima cita olímpica, en 2024, en París, más cerca nuestra y a la que acudiremos con un Gobierno previsiblemente diferente que quizás contemple con más amor, más inversión y más eficacia otros deportes que no sean el fútbol.

Politica y no pasar de ella

Pasan los Juegos Olímpicos y también los partidos políticos. Ciudadanos se hunde (en Melilla prácticamente desaparece, tras el rocambolesco desembarco, paso y expulsión de Eduardo de Castro). Podemos va por similar camino en España. Ambas caídas son el resultado del peso de los líderes y las consecuencias de su abandono, huída o como quiera denominarse. Son los casos de Rivera, ahora enamorado y contento, y de Iglesias, vuelto a enamorar y en estado espiritual desconocido, probablemente nada contento.

Asimismo pasó de la política Ignacio Velázquez, que fue condenado a 6 años de inhabilitación en 1999 por las decisiones que tomó en la primera moción de censura contra él, y fue nuevamente condenado, a 9 años de inhabilitación, en 2003, por sus decisiones en la segunda moción de censura. Se defendió como pudo, pero los tránsfugas pudieron con él. Uno de ellos, Enrique Palacios, que también fue presidente del Gobierno de la Ciudad Autónoma, fue condenado después a 9 años y prácticamente desapareció de la política. Eduardo de Castro lo tiene ahora muy complicado, pero a él, que finalmente le inhabiliten para ejercer cargos públicos le da igual, porque ya solo aspira a llegar a su ya próxima jubilación bien pagado y a mantenerse, como sea, en la presidencia estos 21 meses -nada menos- que quedan hasta las próximas elecciones locales.

“A diferencia de lo que ocurre con nuestra creciente y casi universal confianza en la economía capitalista, desconfiamos cada vez más de los mecanismos de la democracia; confiamos poco o nada en los partidos políticos, en los líderes políticos y en las instituciones públicas (Guy Sorman, en ABC). Poco es mucho, en lo que respecta a la confianza de los melillenses en los partidos políticos, en sus líderes y en las instituciones públicas, mal utilizadas como monedas de cambio para pagar favores electorales, como hemos podido comprobar con ese increíble nombramiento de Jesús Delgado como presidente de una sociedad pública dedicada a apoyar el desarrollo económico. El nuevo presidente de Promesa es un ignorante monumental en temas económicos, además de contumaz traidor y tránsfuga no arrepentido, “méritos” que, como se puede comprobar, merecen recompensa, gastos de representación, colocación de familiares y lo que pueda surgir. O los melillenses dejamos de “pasar de la política” y nos esforzamos y arriesgamos a luchar para que esto sea una verdadera democracia, en la que el poder resida y lo ejerza el pueblo, o Melilla, por el camino por el que va, se convertirá en una ciudad fantasmagórica, improductiva, invivible.

Posdata

El tránsfuga Jesus Delgado Aboy ha sido nombrado presidente de la sociedad pública Proyecto Melilla SA (Promesa), una promesa (valga la redundancia) que le había hecho CpM. Entiendo lo que cada partido persigue con tal nombramiento, votando a favor para mantener a De Castro bajo control (CpM), votando en contra por imposición de Madrid (PSOE) o absteniéndose por si las moscas (PP). Los griegos llamaban “amathia” a la mezcla de la ignorancia y la estupidez. Los italianos desarrollaron la ópera bufa. Amathia y ópera bufa se suman en este nuevo episodio de la martirizada política melillense.

“Melilla vuelve a las cavernas, a padecer una sensación de abandono, de regodeo en la cochambre, de alejamiento de prácticas civilizadas. Cada vez tragamos más, nos echen lo que nos echen”, escribí yo el 22 de febrero de 1999. La historia tiende a repetirse.

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