Categorías: Opinión

Tiempo de Adviento: preparación para la Navidad

Por Maribel Pintos Mota

           Este 3 de diciembre ha comenzado el Adviento es el inicio del Año Litúrgico. Una incitación a esperar; a crecer humana y cristianamente durante este período. Todo lo que leamos, todo lo que celebremos será para nuestro crecimiento espiritual. El ser humano crece cuando llena su vida de esperanza.

Etimológicamente proviene del latín “adventus”, que significa venida, llegada.

El Adviento llega un año más, pero no como un año más: llega para que tomemos conciencia de nuestra fe.

Iniciar el camino de Adviento nos exige confianza y obediencia a Jesús, para que nuestro compromiso, ante las situaciones injustas que viven tantas y tantas personas, ayuden a cambiar el desánimo y la desolación en acogida, en miradas esperanzadoras de futuro, como el pueblo de Israel.

 

La Corona de Adviento. Simbología

            Es una corona, en posición horizontal, formada por ramas de plantas de hoja perenne, como el abeto o el acebo. Su uso procede del norte de Europa.

Todo ella responde a una simbología. El círculo, es una figura geométrica sin principio ni fin, igual que Dios, reflejo de su unidad y eternidad y recuerda además los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo.

Las ramas representan que Cristo está entre nosotros. El verde nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza para cultivar durante el Adviento la vida y la resurrección de Cristo

Se decora con cinco velas, una de ellas en el centro.

La primera, morada, signo de penitencia, encuentro con el Señor. La segunda será roja, significa “Cristo nos resucita con su muerte”.  La tercera de color verde, símbolo de la esperanza. Y  la cuarta, blanca, es la fe en la próxima llegada de Jesús. “Ven Jesús no tardes”.

En el centro se coloca una quinta vela blanca de mayor tamaño, simbolizando a Cristo, como centro de todo cuanto existe.

Cada una tiene su propio significado: la primera es el gozo; la segunda, la esperanza; la tercera la fe y la cuarta, la paz.

La luz de la vela blanca que se enciende durante la Nochebuena nos hace rememorar que Cristo es la verdadera Luz del mundo. El brillo que desprende es muestra de cómo en la plenitud de los tiempos se cumple el “ADVIENTO DEL SEÑOR”.

 

Otros elementos como las manzanas rojas simbolizan los frutos del jardín del Edén que comieron Adán y Eva y trajeron el pecado al mundo, pero también la promesa del Salvador Universal.

             El lazo rojo, muestra de Amor a Dios y el que Él nos profesa a todos sus hijos y  con el que nos envuelve.

Se trata  pues de una decoración religiosa que puede contemplarse en muchas Iglesias y hogares cristianos.

 

Bendición de la corona

Antes de proceder al encendido de la primera vela se ha de bendecir la corona con la siguiente oración:

“Señor Dios, bendice con tu poder nuestra Corona de Adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor”.

 

Oraciones para el encendido de las velas

            Cada domingo, durante el Adviento, se enciende una vela, rezando las siguientes oraciones:

1ª Vela: morada

            “Señor, te damos gracias por mandarnos a tu Hijo a salvarnos y te pedimos que esta corona nos ayude a preparar los corazones de cada uno de los que formamos tu familia para tu llegada el día de Navidad”.

2ª Vela: roja

“Te pedimos que nos ayudes a no alejarnos de Ti por las cosas materiales, las prisas, los regalos. Te damos gracias Señor por mandarnos a tu Hijo a salvarnos y te pedimos que nos enseñes a vivir y estar cerca de Ti estos días y siempre, y así preparar nuestro corazón para tu venida. Amén”.

 

3ª Vela: verde

“Te damos gracias Señor por dejarnos un camino a seguir con tus mandamientos, y te pedimos nos ayudes a cumplirlos para preparar nuestro corazón a tu venida. Amén”.

 

4ª Vela: blanca

“Señor, te pedimos nos ayudes a estar siempre dispuestos a darte nuestro “Si” como María a todo lo que nos pidas en nuestras vidas. Te damos gracias, señor, por haber enviado a tu Hijo a salvarnos y por darnos a María, tu madre, como madre nuestra”.

 

5ª Vela: blanca (centro)

“Padre Misericordioso, que quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de Santa María Virgen, escucha nuestras súplicas y concédenos tu gracia para que sepamos acoger al Señor Jesús, tu Hijo, que contigo reina en unida del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén”.

 

En este primer domingo de Adviento, con el encendido de la primera de las velas de nuestra Corona (morada) comenzamos, pues,  el Tiempo de Navidad.

¡Feliz Adviento! ¡Paz y Bien!

 

 

 

 

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