En un momento de su declaración, el principal testigo, Nordin Abdel-lah, reconoció que era consciente de que lo que se estaba haciendo en la sede de Juventudes Socialistas era “una infracción”. Y así lo dijo cuando relató el susto que vivió cuando un día, mientras estaba trabajando en la sede de Juventudes Socialistas, se presentó una mujer con acento de fuera de Melilla.
“Me dijo que quería votar para un puesto de trabajo, pero no tenía pinta de necesitar empleo. Me asusté y le dije que allí sólo informábamos de cómo se votaba por correo”, señaló Abdel-lah. Después, vio cómo la mujer se marchaba y, en la puerta de la Iglesia del Sagrado Corazón, se detuvo a hablar con una patrulla policial, se metió en un coche y se fue.
Dio aviso inmediatamente a Alonso Díaz, que se presentó en la sede con Dionisio Muñoz. Según dijo Nordin Abdel-lah, ambos lo tranquilizaron diciéndole que una sede política era “como una embajada” y “sin orden judicial no podía entrar nadie”.
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