La imagen muestra una consulta médica donde se discuten bajas laborales.
La Semana. MH, 22/06/2026
Por: J.B.
“Maquillaje” (canción del grupo Mecano) se convirtió en la “la canción del verano” de 1982. Fue todo un éxito desde el mismo momento en que se comenzó a promocionar en radio y era una de esas canciones que eran ineludibles dentro de los conciertos que Mecano (grupo desaparecido/desmantelado) daba en directo.
Algunos de sus famosos estribillos eran:
1)
No me mires
No me mires
No me, no me, no me mires
No me mires
No me mires
Déjalo ya
2)
Sombra aquí, sombra allá
Maquíllate, maquíllate…..
El gobierno sanchista parece incentivar las bajas (por acción u omisión) y, como en la famosa canción de Mecano antes mencionada, no quiere (o eso parece) que nadie mire (no me mires, no me mires, etc.) a la vez que se hace el loco (sombra aquí, sombra allá…. Maquíllate, maquíllate…) y da por buenos los más de 30.000 millones anuales que cuestan)
Las bajas laborales en España: un récord preocupante de absentismo, con el foco en Melilla.
El gobierno sanchista parece incentivar las bajas (por acción u omisión) y, como en la famosa canción de Mecano antes mencionada, no quiere (o eso parece) que nadie mire (no me mires, no me mires, etc.) a la vez que se hace el loco (sombra aquí, sombra allá…. Maquíllate, maquíllate…) y da por buenos los más de 30.000 millones anuales que cuestan las bajas (muchas de ellas fraudulentas; un fraude difícil de comprobar por la alarmante permisividad y falta de control del agonizante gobierno de Pedro Sánchez “el (presunto) corrupto”).
En los últimos años, España ha registrado un aumento sostenido y alarmante en las bajas laborales por incapacidad temporal (IT), muchas de ellas vinculadas a contingencias comunes (enfermedades o accidentes no laborales). Según datos oficiales y análisis de entidades como el Banco de España, AMAT (Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo) y el IVIE, el porcentaje de ocupados en baja ha pasado del 2,7% en 2019 al 4,4% en 2024, situando a España entre los países con mayor absentismo en la UE. En 2024 se registraron cerca de 9,2 millones de bajas, casi el doble que en 2016, con un coste que supera los 29.000-33.000 millones de euros anuales para la Seguridad Social y las empresas, equivalente a casi el 1% del PIB.
El problema no solo responde a factores legítimos como el envejecimiento de la población activa, la saturación de la sanidad pública (cuya causa principal es también, en un peligroso círculo vicioso, la gran cantidad de bajas que se producen en el sector) o el incremento de bajas por salud mental (más de 600.000 casos en 2023, difíciles de objetivar), sino que también se ve agravado por un gravísimo componente fraudulento que las mutuas, empresas y administraciones denuncian crecientemente (con el gobierno mirando para otro lado.. quizás a sus múltiples casos de corrupción). La falta de una inspección médica efectiva y ágil actúa como incentivo: revisiones poco frecuentes, sobrecarga de inspectores y normativas que facilitan la emisión inicial de partes sin controles estrictos posteriores contribuyen a que algunas bajas se extiendan innecesariamente o se simulen.
La duración media de las bajas en Melilla supera en unos 10 días a la media española, y en el sector público la abstención por incapacidad temporal ha llegado a duplicar la media nacional, alcanzando el 15% de los efectivos
Melilla, un caso paradigmático
La Ciudad Autónoma de Melilla destaca negativamente en este panorama nacional. En 2023, registró una de las tasas de absentismo más altas del país, alrededor del 7% de las jornadas potenciales perdidas por IT, y ha mantenido o superado indicadores preocupantes en años posteriores. La duración media de las bajas en Melilla supera en unos 10 días a la media española, y en el sector público la abstención por incapacidad temporal ha llegado a duplicar la media nacional, alcanzando el 15% de los efectivos.
Esta casuística se agrava por el contexto socioeconómico de Melilla: alta tasa de paro (superior al 25% en algunos periodos), economía dependiente de servicios públicos y un tejido empresarial más vulnerable. La administración local ha respondido con medidas concretas, como la contratación de detectives privados para investigar posibles usos indebidos de bajas entre funcionarios, un contrato menor de unos 15.000 euros que busca verificar casos sospechosos sin estigmatizar al conjunto de trabajadores. Otros ayuntamientos en la península han seguido caminos similares.
Mientras en Melilla la incidencia es similar a la nacional, la mayor duración de los procesos genera un impacto desproporcionado en la organización de servicios públicos esenciales, en la sostenibilidad de las arcas locales y de la Seguridad Social y en las arcas de las empresas del sector privado.
Que sea la Seguridad Social quien asuma el coste de todas las bajas. Esto hará que este ente, y en consecuencia el gobierno de turno, se preocupe, de verdad, por controlar las fraudulentas y evitar/reducir las que no lo sean
Causas estructurales del fraude y la ineficacia inspectora
El crecimiento relativo del fraude es significativo. Casos documentados por detectives incluyen trabajadores de baja por lumbalgias o depresión que realizan actividades incompatibles (gimnasio, otros empleos en negro o viajes). Las bajas por salud mental son especialmente complejas de controlar. La inspección médica del INSS y servicios públicos de salud está saturada, con revisiones que no siempre son oportunas, lo que genera un “vacío” que muchos aprovechan.
Reformas recientes, como la cesión de más competencias a mutuas o el aumento de controles (uno de cada diez bajas supervisadas), intentan corregir esto, pero sindicatos y expertos critican la lentitud y la insuficiente dotación de medios.
Posibles soluciones a corto y largo plazo
Las que proponen los “expertos”:
A corto plazo:
Reforzar la inspección médica con más recursos humanos y digitales (telemedicina para seguimientos, alertas automáticas por duración anómala).
Ampliar el uso de detectives privados y peritajes en casos sospechosos, como ya hace Melilla y otras administraciones, respetando siempre la legalidad y derechos fundamentales.
Agilizar los partes de baja/confirmación y altas, con mayor implicación de mutuas desde el inicio.
Campañas de sensibilización y buzones anónimos de denuncia de fraude, ya existentes en el Ministerio de Trabajo.
En Melilla, extender el plan integral contra el absentismo público a colaboración con empresas privadas y mutuas.
A largo plazo:
Mejorar la atención primaria y reducir listas de espera para acortar procesos reales de recuperación.
Promover la salud laboral: planes de bienestar, flexibilidad horaria, prevención de burnout y salud mental en convenios colectivos.
Reformas legislativas que equilibren protección al trabajador con sostenibilidad (revisión de patologías, incentivos a la reincorporación parcial, mayor control en bajas prolongadas).
Cultura empresarial y administrativa de corresponsabilidad: formación, clima laboral positivo y medición precisa del absentismo para intervenir precozmente.
En regiones como Melilla, políticas específicas que aborden el contexto local: diversificación económica, apoyo a pymes y coordinación interadministrativa.
El absentismo no es solo un problema económico; erosiona la confianza en el sistema de protección social y la competitividad. Sin medidas decididas, el récord de 2025 (con más de 1,6 millones de trabajadores ausentes diarios en picos) amenaza con cronificarse. Melilla, por su visibilidad en los rankings negativos, puede convertirse en laboratorio de soluciones que beneficien al conjunto de España.
Mi propuesta a corto/largo plazo (ya hay múltiples voces- la CEOE, por ejemplo- en España que piden esta medida): Que sea la Seguridad Social quien asuma el coste de todas las bajas. Esto hará que este ente, y en consecuencia el gobierno de turno, se preocupe, de verdad, por controlar las fraudulentas y evitar/reducir las que no lo sean.
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