Carta del Editor. M H, 19/10/2025
Enrique Bohórquez López-Dóriga
Nueve décimas partes de la sociedad están condenadas al silencio, escribió Dostoyevsky en “Los demonios”, libro publicado cuarenta y siete años antes de la revolución bolchevique de octubre de 1917. Pregunto a ChatGPT su opinión sobre esa frase y me contesta , con sumo acierto, en mi opinión: “Si Dostoyevski hablaba de nueve décimas partes condenadas al silencio en un mundo aún preindustrial, podríamos preguntarnos -con cierta ironía trágica- si la hiperconectividad actual ha democratizado la voz o simplemente ha multiplicado los ecos del mismo silencio. Hoy no falta palabra, falta escucha. En apariencia, todos hablamos: las redes sociales, los micrófonos, los foros, los comentarios. Pero, ¿cuántos son realmente oídos? ¿Cuántos pueden transformar su palabra en influencia, su testimonio en política, su idea en acción? Si Dostoyevski veía al pueblo sometido por el poder y la ignorancia, hoy la sumisión adopta otros ropajes: la saturación informativa, la dependencia algorítmica, el ruido mediático.
Si Dostoyevski veía al pueblo sometido por el poder y la ignorancia, hoy la sumisión adopta otros ropajes: la saturación informativa, la dependencia algorítmica, el ruido mediático
«Pregunto sobre si el 90% condenado al silencio sigue siendo válido hoy, y la respuesta es :”Tal vez la proporción no haya cambiado tanto: quizá nueve décimas partes siguen mudas, aunque ahora crean hablar. Silencio digital, silencio político, silencio cultural: tres formas modernas del mismo mutismo antiguo. La verdadera voz, la que nace de la conciencia y no del eco, sigue siendo rara. Por eso, más que contar cuántos callan, habría que preguntarse: ¿cuántos se atreven a decir algo que no convenga, que no repita, que no venda? Si Dostoyevski viviera hoy, tal vez escribiría: Ya no callan nueve décimas partes: ahora hablan todos, pero sólo una décima parte dice algo que importe”. Incluso una décima parte que dice algo que importe, que tenga algún tipo de importancia, me parece demasiado.
Morante de la Puebla sí tenía mucho que decir en el mundo del toreo, pero a las siete y treinta y cuatro de la tarde del lunes, en el centro de la plaza de la Monumental de las Ventas, el torero más genial y completo de la historia, se cortó la coleta, tras otra faena apoteósica.
Leo, en una de las geniales viñetas de JM Nieto, en el ABC, que una persona está en su sillón casero viendo la televisión. “Habrá paz en Gaza”, oye, y exclama: JA. “El PSOE saca 15 puntos al PP”, ¡JA! responde. “Morante dice adiós”, ¡¡JA!! Y concluye el televidente: “Ya no sé si no me creo nada, no puedo creerme nada o no quiero creerme nada”. Puesto a no creer, yo preferiría que Morante no se retirase, que siguiera toreando, pero no sé si soy miembro de la décima parte de la población mundial que dice cosas importantes.
Ya no sé si no me creo nada, no puedo creerme nada o no quiero creerme nada
El premio Nobel de Economía sí premia a los que aportan cosas importantes. El de 2025 lo han recibido tres economistas relativamente poco conocidos: el holandés (de nacimiento) Joel Montreal, el francés Philippe Aghion y el canadiense Peter Howitt, cuyos trabajos se han centrado en un tema impresionante: la relación entre la tecnología y los dos siglos de crecimiento económico que acumula la Humanidad desde la Revolución Industrial. Los premiados construyeron un modelo que permite calcular cuál es el nivel de inversión óptima en I+D que debe aplicar una sociedad, halla el punto donde los beneficios marginales sociales de una unidad adicional de I+D iguala los costos marginales sociales (incluyendo costos de destrucción de lo viejo, efectos competitivos, etc.). Ese punto es la inversión óptima en I+D.
Con respecto a la IA y su influencia, los próximos diez o veinte años serán difíciles
Estamos hablando de tecnologías de propósito general: invenciones que afectan al conjunto de la economía, con unas consecuencias económicas y sociales amplias, como la máquina de vapor, la electricidad…o la IAG, inteligencia artificial general, una inteligencia que -se pretende- iguale la inteligencia humana en todas sus capacidades.
Toby Walsh, en su “Breve historia de la IA, la inteligencia artificial explicada en seis ideas”, cita ChatGPT, “De charla con GPT”. Lo que deduzco del éxito de ChatGPT, dice, es que no hemos sobrestimado la inteligencia de las máquinas, sino la humana. Gran parte de la comunicación humana se basa en formulismos. No utilizamos el cerebro tan a menudo como creemos. Gran parte de lo que decimos consiste en fórmulas, y ahora hemos enseñado estas fórmulas a las computadoras. Con respecto a la IA y su influencia, los próximos diez o veinte años serán difíciles, concluye Walsh en su libro, porque “tecnologías como la IA podrían ayudarnos a resolver muchos problemas, pero para sacar provecho de la IA tendremos que aprender de las lecciones del pasado”. No va a ser fácil.
Posdata.
Siguen pasando los días y ni un solo movimiento para conseguir nuestra Autonomía
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