Categorías: Opinión

Sánchez, centrocampista

La palabra "sorpasso" será una de las cuatro más utilizadas en la nueva oleada de quinielismo electoral. Las otras tres: abstención, polarización y voto útil. El "sorpasso" alude a la sombra negra que se proyecta sobre el PSOE ante la eventual convergencia de Podemos e IU, que disimularía el anunciado retroceso del primero y multiplicaría los escaños de la segunda, si las conversaciones llegan a buen puerto.
En eso están, aunque de momento no hay avances contantes y sonantes. Las declaraciones de una y otra parte se limitan a constatar que siguen negociando y que la buena voluntad de llegar a un acuerdo es compartida.

Si hubiera fumata blanca en el sentido fijado por Alberto Garzón (unidad sin uniformidad), bastaría para evitar el castigo de la Ley Electoral infiere a la dispersión del voto, pero el PSOE correría un riesgo muy serio de quedarse en tierra de nadie. O sea, entre los dos fuegos de una campaña electoral polarizada.

Eso puede suceder si a su vez por la parte derecha se abre paso la perspectiva aritmética de una suma PP-Ciudadanos próxima a la mayoría absoluta. De momento, juega en contra la aversión de Ciudadanos a la figura de Rajoy, pero llegado el caso podría ser un obstáculo salvable en nombre de la estabilidad política y los intereses generales del País.

La teórica víctima del juego competitivo de esos dos vectores (suma de IU-Podemos por un lado y suma de PP-Ciudadanos por otro) sería el PSOE, que no está precisamente para correr el riesgo de quedarse en la irrelevancia. Tiene dos formas de evitarlo. Una, sumarse al amontonamiento de las izquierdas acaudilladas por Pablo Manuel Iglesias. Otra, reactivar el pacto progresista de las 200 coincidencias con el partido de Rivera.

No haría falta tener levantada esa bandera a todas horas durante la campaña. Bastaría con no dar por muerto el pacto sobre el que Sánchez se basó en la fallida sesión de investidura.

Ahora acaba de darnos una pista. Fue en su intervención ante el Comité Federal del sábado pasado. Sostuvo que Ciudadanos puede ser un eficiente aliado en el objetivo del cambio. Con estas palabras: "La gente sabe hoy de Albert Rivera que su partido es útil para el cambio en tanto se entienda con el PSOE".

Otra cosa es que estratégicamente a los socialistas no les venga bien pregonar el pacto en la campaña. En ese sentido, tiene razón la presidenta andaluza, Susana Díaz, al decir que "si hablamos de pactos estamos dando a entender que no esperamos ganar".

Es verdad. Aunque, insisto, el líder socialista debería mantener vivo el espíritu y la letra del llamado "Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso", firmado el 24 de febrero, en razón de un convencimiento instalado en nuestra reciente historia: las elecciones se ganan en el centro, se gobierna desde el centro y en el centro está la virtud.

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Sánchez, centrocampista

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