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Carta del Editor

Sin desarrollo económico no hay futuro en Melilla

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Sobre el futuro económico de Melilla, y con ese mismo título y sobre un tema -el futuro económico de Melilla- de trascendental importancia para nuestra ciudad, artículo de Gonzalo Fernández el miércoles 21 de julio, en nuestro periódico. Analiza el panorama actual: en Melilla hay mucha Administración Pública con la consecuencia obvia de escaso o nulo valor añadido, o sea, casi nula conversión de bienes de menor valor en otros de mayor valor mediante el trabajo. Las empresas que podrían establecerse con éxito en Melilla (hoy), por factores de localización, serían pequeñas empresas con un alto componente de valor añadido, pero necesitarían de inversiones de la Administración en la mejora de las comunicaciones en general y de las telecomunicaciones en particular, así como apoyos financieros y deducciones temporales de impuestos. Gibraltar puede ser una referencia. Los planes de desarrollo se deben basar en las posibilidades reales de desarrollo de nuestra ciudad, “no en planes etéreos y buenistas”, como los que ahora abundan.

Para empezar a dar pasos previos y en la dirección económica eficaz: el artículo del jueves de Francisco Bohórquez, “Entendiendo al Estado”. “La idea romántica del Estado como un ente benevolente y omnisciente no se corresponde con la realidad. Nunca lo ha sido”.

¿Benevolente el Estado?: “Perpetuarse en el poder es siempre el objetivo último de las personas que lo componen”; esa aspiración a perpetuarse en el poder acostumbra suponer “un freno para la innovación y el desarrollo económico” y los Estados “han luchado e impedido cualquier tipo de innovación durante siglos”

¿Omnisciente?. Eso, por definición, significa que conoce todas las cosas reales y posibles, que todo lo sabe. “La idea del Estado omnisciente es tan errónea como peligrosa…e implica suponer que las personas que lo conforman disponen de un conocimiento inalcanzable para el común de los mortales”, siendo lo cierto y evidente que el Estado es “un ente que cuenta con una información muy limitada y que, por tanto, debería delegar la toma de decisiones en los individuos que están al pie del cañón… las decisiones descentralizadas de los ciudadanos”. Consideración que, en el caso melillense, es de extraordinaria importancia, con una parte del empresariado local acostumbrada a bajar la cerviz ante el Estado, a esperar que les ordenen lo que tienen que hacer.

Pasado y presente

Tenemos un pasado, provenimos de ese pasado, guste o no. El Editorial del MH del jueves: “Un centenario obviado desde las instituciones”. “Este 21 de julio de 2021”, decía el Editorial, “100 años después de aquel Desastre de Annual, la Ciudad Autónoma no ha organizado siquiera una ofrenda simbólica”. Es más, y peor, el Gobierno, vía el Ministerio de Defensa y su Delegación (la del Gobierno) en Melilla, impidió la entrada al Panteón de los Héroes a quien, como el PP local, quiso organizar, abierta a todos los melillenses, una ofrenda por esta efemérides. “Todos sospechamos porqué. Quizá por la misma razón por la que uno de los socios del Gobierno (CpM, evidentemente) no acude el 15 de marzo al monolito del Mariscal Sherlock, ni el 17de septiembre al Día de Melilla”. El papel del PSOE en este despropósito no puede ser más desairado. Y el del único partido estrictamente local con representación parlamentaria en Melilla, tampoco puede ser más erróneo.

También tenemos un presente, que tiene un largo pasado: la vulnerabilidad de nuestras fronteras con el “amigo” Marruecos. Trescientos subsaharianos intentaron saltar la valla y nada menos que 238 -un porcentaje asombrosamente alto, que debería hacernos profundizar sobre las causas de tan lamentables cifras- lo consiguieron en la mañana del pasado jueves, ante la manifiesta e inocultable pasividad de las fuerzas del orden del subvencionado país vecino. Ha sido “el salto más importante desde el año 2014”, señalaba nuestra portada del jueves, mientras el ministro del Interior, Marlaska, destacaba la “cooperación estrecha con Marruecos”. Si no fuera tan grave la mentira podríamos considerar que se trata de una broma pesada, una broma que no tiene ni la más mínima gracia, por cierto.

Posdata

Escribió el famoso primer ministro inglés Disraeli, según cuenta André Maurois en su biografía: “No me preocupo nunca de vengarme pero, cuando un hombre me ha injuriado, escribo su nombre en un papelillo que guardo en un cajón. Es maravilloso el ver cómo los nombres así coleccionados caen en el olvido”. En el libro que estoy escribiendo reaparecen muchos nombres, antes poderosos e injuriosos, hoy ya hace muchos años caídos en el olvido”.

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