Carta del Editor MH, 8/3/2026

Enrique Bohórquez López-Dóriga

 

Cuando empiezo a escribir esta Carta estoy en Madrid y, muy temprano por la mañana, comencé a leer el MELILLA HOY del martes pasado, que dedicó mucho espacio al Pleno Debate del Estado de la Ciudad, celebrado el día anterior.

El Pleno del 2 de marzo de 2026 fue una demostración más del lamentable estado y nivel de nuestra política local, handicapada, además, por una pugna suicida entre la Administración Local y la Nacional

Tras leerlo, me quedé con dos sensaciones, ambas tristes: la primera, decepción conmigo mismo por no haber asistido al Pleno; la segunda, una inmensa tristeza por lo que leí y por lo que se deduce, en general, de la acción política de nuestros enfrentados gobernantes.

El día en el que se celebró ese Pleno político de nuestros elegidos representantes locales, se cumplieron -como resaltamos en la parte superior izquierda de la portada de nuestro periódico- 17.111+135 días desde que nuestra vigente Constitución aprobó la conversión de nuestra ciudad, Melilla, en Comunidad Autónoma.

Los 135 días -ahora ya 141- son los días transcurridos desde que, en mi Carta del Editor del Día de la Hispanidad de 2025, subrayé que seguía sin darse el primer paso que la Constitución española contempla para convertir a Melilla (y Ceuta) en la 19ª Comunidad Autónoma de España.

Ese primer paso es que la Asamblea de Melilla, reunida en Pleno, apruebe la petición de que Melilla sea Comunidad Autónoma, una decisión que se puede -y se debe- tomar en Melilla.

Pero, en vez de tratar ese asunto -vital, cuestión de vida o muerte para nuestra ciudad- el Pleno del 2 de marzo de 2026 fue una demostración más del lamentable estado y nivel de nuestra política local, handicapada, además, por una pugna suicida entre la Administración Local y la Nacional.

Piensa, es gratis… y te hace grande

“Piensa, es gratis”, es el inteligente título de un libro de mi genial amigo Joaquín Lorente, con “84 ideas prácticas para potenciar el talento”. El “Principio 84” termina con la siguiente frase: “El acto de pensar en libertad, sin coacción ni limitación…es lo que ha hecho realmente grande a personas, organizaciones, empresas y países. Sistematizar, estimular y potenciar el pensamiento individual y el colectivo, como palancas – dadme una palanca y moveré el mundo, dijo Arquímedes- para hallar y activar nuestros grandes sueños y para germinar e impulsar nuevas ilusiones, es saber utilizar nuestro mayor don natural…recordando que pensar es…gratis”.

El acto de pensar en libertad, sin coacción ni limitación…es lo que ha hecho realmente grande a personas, organizaciones, empresas y países

Teniendo en mente lo que Joaquín escribe, procedo a pensar (sin coste alguno) y me autopregunto por qué nuestro predidente, Juan José Imbroda, que durante tantos años se pronunció con claridad a favor de que Melilla se convirtiera en Comunidad Autónoma, se muestra hoy silente, casi escurridizo, ante un asunto tan fundamental para el futuro de nuestra ciudad. No deja de ser una paradoja. Quien antes defendía con convicción ese horizonte político, ahora parece evitar el debate que durante décadas consideró imprescindible.

Quizás la respuesta sea incómoda, pero es necesaria: puede que hoy Imbroda no hable con la libertad con la que lo hacía entonces. Tal vez su partido, el Partido Popular, en su actual posición sobre el modelo autonómico, no le permita pensar —ni expresarse— sin límites ni condicionantes. Pero, cuando la política limita la libertad de pensamiento, también limita los sueños de una ciudad.

Lo que está en juego no es solo una fórmula administrativa. Está en juego la posibilidad de que Melilla alcance plenamente su potencial, que deje de ser una promesa siempre aplazada y se convierta, por fin, en aquello que puede —y debe- ser.

El silencio y el futuro de Melilla

Hay silencios que nacen de la prudencia, y silencios que nacen del miedo. Y hay también un tercer tipo, quizás el más inquietante: el silencio que surge cuando la política deja de ser convicción para convertirse en cálculo.

En Melilla, una ciudad acostumbrada a vivir entre fronteras físicas y simbólicas, el silencio político adquiere una dimensión especial. Durante décadas se habló —con mayor o menor intensidad— de un horizonte que parecía lógico para muchos melillenses: la plena condición de Comunidad Autónoma. No era solo una cuestión administrativa; era una aspiración de reconocimiento, de madurez institucional y de confianza en el propio destino de la ciudad.

Las ciudades, como las personas, empiezan a perder su futuro el día en que dejan de hablar de él

Entre quienes defendieron esa idea durante años se encontraba el actual presidente, Juan José Imbroda. Su posición fue clara en el pasado, en un tiempo en el que el debate sobre el encaje institucional de Melilla parecía formar parte natural de la conversación política. Hoy, sin embargo, el silencio domina ese espacio. Y el silencio, cuando se prolonga demasiado, deja de ser neutral. Se convierte en un mensaje en sí mismo.

Tal vez las razones sean partidistas. Tal vez el contexto político nacional haya cambiado. Quizás dentro del Partido Popular ya no exista la misma disposición a abrir debates sobre el mapa autonómico de España. La disciplina de partido, tan habitual en la política contemporánea, puede terminar imponiendo límites allí donde antes había convicciones. Pero la cuestión esencial no es la estrategia de un partido, ni siquiera la trayectoria de un dirigente concreto. La cuestión es qué ocurre cuando una ciudad deja de hablar de su propio futuro.

Las sociedades progresan cuando imaginan. Cuando se permiten pensar en grande. Cuando discuten, incluso con pasión, sobre el rumbo que desean tomar. El silencio, en cambio, congela las posibilidades. Suspende los sueños en una especie de espera indefinida.

Melilla posee un potencial extraordinario: una posición geográfica única, una historia compleja y rica, una identidad que ha sabido construirse entre culturas. Pero el potencial, por sí solo, no basta. Necesita visión política, ambición colectiva y debate público. Porque las ciudades que avanzan no son necesariamente las más grandes ni las más ricas. Son las que se atreven a preguntarse qué quieren ser.

Quizás por eso el silencio actual resulta tan inquietante. No porque falte una respuesta inmediata, sino porque parece haberse abandonado la pregunta. Y una ciudad que deja de hacerse preguntas sobre su futuro corre el riesgo de quedarse viviendo, indefinidamente, en el pasado.

El reto de Melilla no es solo decidir si algún día será Comunidad Autónoma. El verdadero reto es recuperar la capacidad de imaginar su destino sin miedo, sin tutelas y sin silencios impuestos. Porque las ciudades, como las personas, empiezan a perder su futuro el día en que dejan de hablar de él.

 

 

 

Enrique Bohórquez López-Dóriga

Acceda a la versión completa del contenido

Seguimos sin Autonomía

Enrique Bohórquez López-Dóriga

Entradas recientes

El C.V. Melilla cierra la Liga Regular en la sexta posición y se medirá al Emalsa Gran Canaria en cuartos de final

El Club Voleibol Melilla cerró este sábado la Liga Regular de la Superliga Femenina con…

1 minuto hace

El Virgen de la Victoria sigue en caída libre tras perder en su cancha ante el PAN Moguer (21-24)

El Club Melilla Balonmano Virgen de la Victoria continúa en caída libre tras encajar este…

28 minutos hace

El filial de la U.D. Melilla lo intenta sin premio ante el colista Torreperogil (0-0)

El filial de la U.D. Melilla tuvo que conformarse este sábado con un empate sin…

33 minutos hace

La página de Arrabal

   

2 horas hace

El Espacio Coworking de EOI celebra su Demo Day con la presentación de nuevos proyectos emprendedores en Melilla

La segunda edición del programa, impulsado por la Ciudad Autónoma y la EOI y cofinanciado…

2 horas hace

El MCD La Salle Nacional visita a un rival directo en la tabla

LAS DE PEPE TORRUBIA SE MIDEN ESTE DOMINGO (10’30 HORAS) AL CLÍNICA ANGULAR MÁLAGA BASKET…

2 horas hace