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Revisar el pasado para quedar libres en el futuro

En 1999 terminé de leer uno de los libros más conocidos del filósofo y ensayista Julián Marías, España inteligible, que es uno de los intentos más profundos e inteligentes de dar respuesta a la, por desgracia, sempiterna pregunta sobre lo que España es. El 15 de diciembre de 2005 moría en Madrid el autor, conocido como el más destacado discípulo de Ortega y Gasset, pero poco, e injustamente, reconocido por la mayoría de la ‘progresía’ española actual, dado lo que ha sido su enorme aportación intelectual y cultural a este país, tan proclive a las luchas cainitas y a sobreponer las ideas políticas propias sobre la valía personal de sus habitantes. Julián Marías no era ‘políticamente correcto’, tal y como hoy se entiende esa corrección, y los que se arrogan la facultad de decidir lo que es ‘in’ y ‘out’ en la política y en la progresía españolas, han minimizado su inmensa figura incluso a la hora de su muerte. Por eso, y por mi incorregible afán de nadar contra corriente, me parece ahora oportuno hablar sobre el gran intelectual desaparecido y centrarme en su España inteligible, que se me ocurre un libro de gran actualidad e interés, dado lo que estamos viendo, y padeciendo, con los nacionalismos separatistas, la incesante tergiversación partidista de la historia de España y los interesados y egoístas intentos de romper la unidad de la nación. «Creo que es preciso hacer una revisión del pasado, no por el pasado mismo sino para quedar libres frente al futuro», decía Julián Marías en el prólogo de su libro. Yo también lo creo.

Vuelvo a algunas de las frases que subrayé cuando leí España inteligible. «La primera unidad humana de España es consecuencia de su romanización … y el latín significó la posibilidad de que los hispanos llegasen a hablar, no con los romanos, sino entre sí, poniendo a los hispanos en el mundo». «La nación española se constituye a finales del siglo XV, hecho histórico que no coincide con el nacimiento de España, que preexistía varios siglos antes de la estructura llamada Nación … la Supernación es lo que fue, desde los últimos años del siglo XV hasta los primeros del XIX, la Monarquía Católica o Monarquía Hispánica». «Cuando en España se ha logrado (con los godos y los hispanorromanos) una versión, más completa que en ningún otro territorio, de lo que va a ser un país europeo, la invasión árabe y beréber del año 711 rompe la trayectoria iniciada… aunque la conquista árabe no fue nunca aceptada por los cristianos españoles… (así que) lo que se reconquista es la España perdida, cuya imagen como meta es el origen del reino de Asturias». «Los árabes no fueron ingrediente esencial en la génesis de nuestra nacionalidad, pero sí un factor decisivo de nuestra historia, aunque nuestra nacionalidad se construye frente a ellos, fundado en la repulsa permanente a la islamización». » La unidad española fue, ante todo, la unificación de las dos grandes políticas internacionales que (a finales del siglo XV) había en la península: la de Castilla, hacia África y el centro de Europa, y la de Aragón, hacia el Mediterráneo». «No ha habido ninguna nación antes que España»… y así se comprende la falta de sentido histórico de los recientes brotes de nacionalismo.

Julián Marías, como otros grandes pensadores españoles, ya intuía lo que nos iba a seguir pasando y creo que, reconociéndolo con su elegancia natural, era consciente de que, por muchas razones históricas que se pudieran aportar, la sinrazón seguiría adelante y el egoísmo junto con la brutalidad física y mental continuaría ganando terreno, especialmente si, como es nuestro caso, muchas más veces somos castigados por los políticos que padecemos que ayudados por ellos a salir adelante con una mínima visión del medio y el largo plazo.

La lamentable discusión sobre el Estatuto de Cataluña, la ignorancia –fingida o real– sobre que los preámbulos constitucionales y estatutarios contienen principios y normas aplicables, sobre que “la Nación –en el ordenamiento español– es la titular única e indivisibles del poder constituyente” (como recordaba Jiménez de Parga), la inaudita actitud del actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su suicida promoción de “ese” Estatuto catalán, y su constante vuelta al pasado guerracivilista, no son sino ejemplos adicionales de la vigencia de los temores y opiniones del gran filósofo ya desaparecido.

Enrique Bohórquez López-Dóriga

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