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Recordando nuestra Melilla de antaño, una vez más

Una vez más con este titular, ¿Para qué cambiarlo? Son muchos los escrito que un servidor nativo melillense ha escrito ya sobre aquellos 50 y 60 (“qué pocos por desgracia o circunstancias de la vida laboral”). Haciendo memoria o bien, leyendo con mucha atención lo que otros colaboradores con mucho acierto y categoría escriben también referente a aquellos años cuando éramos “chinorris mocosos”, niños, adolescentes, etc., como hace dos días escribía el amigo Aranda sobre aquellos barreños de cinc donde nuestra madres con una pastilla de jabón “lagarto o de glicerina” nos quitaban nuestras roñas y churretes callejeros, nada de “champuces y geles” de lo más in y regeneradores de la piel. Magnífico escrito desde la otra orilla como siempre Juan y como decía algo más arriba, esas colaboraciones, por lo menos a mí y supongo que a otros muchos de nuestra edad o más, nos llevan a recordar otras muchas cosas de aquel pasado, donde con casi nada nos lo pasábamos “chachi”.

Yo recuerdo, que en mi casa, hasta que cumplí los 12 años más o menos no teníamos ducha, cuando la instaló mi padre fue todo un día de fiesta. Nuestro patio era de 2 metros cuadrados simplemente y una escalera para subir a la azotea que era como un martirio para para mi madre Carmela poder hacerlo, si había que tender ropa, ya nos apañábamos mi padre, algunos de mis hermanos o yo. Recuerdo que cuando éramos más pequeños ese baño “yacusi artesanal” se trasladaba un poco más arriba a casa de nuestra abuela Carmen que disponía de un patio más grande, en la calle A o Río Ebro ahora del Monte María Cristina. Enfrente la vivienda de una familia muy querida por nosotros: Victoria (prima de mi madre) y Fernando (d.e.p. ambos) tenían una tienda de ultramarinos o salazones en La Plaza o Mercado Central, buenas aceitunas que me regalaban cuando acudía con mi madre a comprar bacalao, anchoas naturales (qué buenas), salchichón o chorizo…¿Antoñín quieres unas aceitunitas? No recuerdo haber dicho nunca que no, eran aliñadas las que más me gustaban. Recuerdo a su hijo Juan, primo nos llamábamos, que trabajó en el Banco de Bilbao y ¿Cómo no?, a su otro hijo Fernando o “fíturi” como le apodábamos en el barrio (espero no se enfade por mencionar dicho apodo) era un poco menor que yo y jugábamos mucho en su casa, en ese gran patio que tenía y buena azotea, me encantaban sus juguetes y lo pasábamos muy bien. Saludos y un abrazo cariñoso a ambos y familia.

Hablando de juegos y utensilios artesanales, recuerdo aquellas tablas, los patinetes de ahora que nos fabricábamos acoplándoles aquellas “ruedas de bolones” en su parte inferior, menudas “hostias” nos pegábamos al deslizarlos por algunas pendientes, en mi calle F o Río Segura contra el muro del barranco. También nos divertíamos en la calle con aquellos aros y su guía de hierro o alambre grueso, nuestros tirachinas caseros con horquillas sustraídas a algún árbol cercano o de los pinos, en ocasiones en lugar de “chinas” eran “pedrusquitos” que hacían daño. Eran los tiempos de estar en la calle con otros niños vecinos y amigos. Multitud de juegos inventados o bien heredados de otros más mayores. En otra ocasión con más tiempo seguiremos recordando.

En aquellos tiempos, nosotros no sabíamos nada de política, más bien ni existía la política, incluso, nadie nos decía que mandaba en España un dictador y su cuadrilla. Estudiábamos aquella enciclopedia Álvarez u otra, que pasaba de hermano a hermano y solo nos decía lo buena y fetén que era la Patria con mandato “por la gracia de Dios” de su “Caudillo Franco”. Sí ese que aún preside “como comandante, al parecer” la entrada a Melilla por el puerto o muelle. Por cierto, si el gobierno actual del PP restriega por los morros y es verdad, que el “govern catalá” se pasa por el forro de cierto sitio las leyes españolas y la Constitución, pregunto: ¿La Ley de Memoria Histórica acaso no lo es? ¿Por qué no la cumple el gobierno de la CAM y el de España que aún preside “el gallego andarín”?
Como casi siempre acabo metiéndome en los charcos, como cuando chavalillos en Melilla con nuestras botas de agua recién estrenadas de Calzados Villanueva. Salud, paz, libertad y trabajo bien retribuido paisanos/as.

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Recordando nuestra Melilla de antaño, una vez más

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