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Carta del Editor Opinión

Que tu espíritu no se someta por miedo

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Gobierno de Melilla

Anduve por Madrid y sus alrededores estos últimos días. Se respira allí un aire de libertad y de confianza económica que contrasta vivamente con lo que ocurre en Melilla, como constato nada más volver a nuestra ciudad.

La situación política de España es mala, con Madrid como relativa e importante excepción. La de Melilla es horrible y debería ser improrrogable, pero, temo, durará todavía esta pesadilla casi dos años más. Pesadilla no solo para la inmensa mayoría de los melillenses, los gobernados, sino y también y quizás sobre todo para la mayoría de los gobernantes.

Como -a pesar de lo que puedan pensar los que creen que me conocen y no me conocen en absoluto- no disfruto, en absoluto, teniendo enemigos, añado que no pretendo acusar a los actuales gobernantes melillenses de ser los únicos causantes de nuestra actual horrible situación. A esto hemos llegado por muchos motivos, plasmados finalmente en un resultado electoral que hizo muy difícil la gobernabilidad de nuestra ciudad. Dificultad que, con el transcurrir del tiempo, se ha convertido en evidente imposibilidad.

La única duda hoy es si la catástrofe se puede acortar o si no hay más solución que esperar hasta mayo de 2023 y las nuevas elecciones locales. La única solución, ya que el actual presidente de la Ciudad, Eduardo de Castro, ha dicho y repetido que él no se va a ir, no va a dimitir, es que con una moción de censura le echen. Y, para no caer en lo peor -que sería otro tránsfuga, como Jesús Delgado y como ocurrió ya en la historia democrática de Melilla con Enrique Palacios, como presidente de la CAM- solo existen dos posibilidades de moción de censura exitosa: PP-PSOE o PP-CpM. En el primer caso la mala relación Casado-Sánchez imposibilita el acuerdo de los dos partidos en Melilla. En el segundo, la pésima relación Imbroda-Aberchán hace también imposible el acuerdo, ya que ninguno de los dos quiere abandonar su poder partidista.

¿Resistirá dos años más Melilla, atacada desde dentro y desde fuera por Marruecos, sin desmoronarse social y económicamente? No se puede saber, pero sí es evidente que nuestra situación es desesperada y que, como enfermo muy grave al que no se le opera, podemos morir como ciudad española y vivible.

Oigo en una radio al historiador Pío Moa hablando en contra de los indultos a los líderes separatistas catalanes y de cómo un país que no se respeta a sí mismo -permitir que gobiernen en Cataluña en nombre del Estado los que quieren destruir España, no aplicar el artículo 155 de la Constitución- no puede exigir que le respeten los demás países, empezando por los socios europeos. Un razonamiento similar se puede aplicar a Melilla

Irrelevancia económica

De la irrelevancia económica de España a la irrelevancia total, era el título del artículo de Francisco Bohórquez el domingo. Pues si nos detenemos en la casi total irrelevancia económica melillense -de la cual solo se podrá salir con otro tipo de gobierno local- podremos entender la irrelevancia total melillense en la que ahora estamos y de la que solo podremos salir permitiendo y alentando las iniciativas económicas privadas, independientes, creativas, justo lo contrario de lo que ahora ocurre.

Estuve el domingo visitando la parte histórica, Patrimonio de la Humanidad, de Alcalá de Henares. La sociedad de condueños de Alcalá Henares, unos ciudadanos con iniciativa, con libertad y poniendo en riesgo sus recursos, fue la que consiguió y mantiene lo que Alcalá de Henares -cuna de Miguel de Cervantes- es hoy en el panorama nacional e internacional. Allí hubo, también, una persona excepcional: Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), el cardenal Cisneros, fundador hace quinientos años de su Universidad, ciudad a la que los alcalaínos, agradecidos, llaman “Alcalá de Cisneros”. Son las personas las que consiguen cosas, no una orden en un boletín oficial público. Son los hechos, no las intenciones ni los decretos, los que cambian los pueblos.

Posdata

“Se puede ser castellano sin necesidad de andarlo proclamando con aire solemne”, del gran libro de sucinto nombre: “Castellano”, de Lorenzo Silva. El fondo del libro es la revuelta del pueblo de Castilla, de los Comuneros, contra el abuso de poder de Carlos V, que terminó el 23 de abril de 1521, en Villalar, con la derrota de las tropas de las Comunidades de Castilla y la decapitación de sus capitanes, Padilla, Bravo y Maldonado. “A los castellanos -escribe Lorenzo Silva- no les aguardaba otro destino verosímil que terminar aplastados. Y aún así, se levantaron contra el tirano. El mensaje no puede ser más nítido: que tu espíritu no se someta por miedo (al déspota)”. En nuestro periódico nos suena muy cercana esa frase, desde hace muchos años. Es posible que, por no someternos por miedo, les resultemos antipáticos, “enemigos”, a muchos déspotas que en Melilla han sido y son.

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