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Carta del Editor

Prohibido prohibir y destruir

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Estatua de Franco

En español, como comentaba “JB” en su artículo “La Semana” del lunes pasado, existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es ”atacante”, el de cantar, “cantante”, el de existir “existente” y el de ser “ente”, que significa “el que es”.

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A la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo se añade al verbo la terminación “ente”. Así, al que preside se le llama “presidente” (nunca “presidenta”, independientemente del género del que realiza la acción). De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”, independiente, no “independienta”, paciente, no “pacienta”, dirigente, no “dirigenta” o periodistas, no “periodistos”. Existe la palabra “ente”, no existe “enta”.

La pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (no “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Cree la autora de la misiva, cree la mayoría de los españoles y creo yo, que por las dos razones, lo cual nos empobrece aún más a todos.

“Lamento haber aguado la fiesta -añade y así termina la misiva que, atendiendo a la petición de la autora, reproduzco- a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y habían firmado un manifiesto. Entre los firmantes: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pianisto, el turisto, el taxisto, el artisto, el violinisto, el policía de la esquino….y, sobre todo, ¡el machisto!”.

Tiene gracia la misiva y merece ser reproducida y atendida, pero la situación en que nos encontramos no tiene maldita la gracia, más bien es una espantosa pesadilla, como el afán de destruir- no de trasladar- el monumento a los Héroes de España, situado en nuestra ciudad en la Plaza del mismo nombre, o el empeño en hacernos desaparecer la memoria sobre lo que a esos totalitarios ignorantes no les gusta, o su obsesión por prohibir casi todo.

“Prohibido prohibir”, cantaban los jóvenes en el mayo del 68 francés, como recordaba Gonzalo Fernández en su artículo de ayer. Y, añado, “prohibido destruir”, especialmente lo que tanto costó construir y tan valioso fue el resultado obtenido. Aunque especialmente para los incapaces, para los totalitarios, sea mucho más fácil destruir que construir.

Ricos e impuestos

“Más impuestos a los ricos”, claman los progres, incluidos algunos muy ricos. Olvidan, quizás, que cualquiera -ricos incluidos- puede entregar voluntariamente todo su dinero al Estado, si así lo desea. El problema -como escribe Carlos Rodríguez Braun- estriba en que con los impuestos no son la opción libre de una minoría de ricos, sino que son el resultado de la coacción sobre todos, pobres y ricos, y no se debe olvidar que los impuestos no expresan ninguna solidaridad, sino una desagradable coacción, que causó muchas guerras a lo largo de la historia de la Humanidad: las largas y cruentas guerras de los hebreos contra los romanos o la de la independencia de las trece colonias norteamericanos para librarse de los impuestos de los ingleses, por ejemplo.

Los griegos designaban la “isonomía”, la igualdad de las leyes, como la más adecuada forma de gobierno, porque isonomía expresa mejor que “democracia” el ideal de libertad y, además, no indica algo inalcanzable, como ocurre con la democracia. En la voz isonomía se expresa el punto esencial del Estado de Derecho. La coacción, los impuestos son coacción, es lo contrario de la libertad.

Dijo Aristóteles: “Las repúblicas degeneran en democracias y las democracias en tiranía”. Churchill, en la más conocida y celebrada de sus frases, aseguró que “la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”, un sistema imperfecto, en suma. Democracia, según la RAE, es “un sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes”. El mal uso de la democracia -tan frecuente- conduce a situaciones tan lamentables como, por citar solo un ejemplo próximo, nos ocurre en Melilla.

Es democráticamente lamentable, un fraude de ley, que un tránsfuga, Jesús Delgado Avoid, que fue elegido con la siglas de Vox y que fue expulsado por ese partido, haya sido el que, con su voto decisivo en una Comisión, haya hecho posible aprobar la destrucción del monumento a los Héroes de España. Ha sido un insulto innecesario y grave a la mayoría de los melillenses. Ha sido una perversión del uso de los votos de los ciudadanos, que evidentemente no votaron a Jesus Delgado para que se destruyeran monumentos a los héroes de España.

También es un fraude democrático que un Gobierno, como el melillense, que prometió disminuir el número de miembros de ese Gobierno y como consecuencia el gasto público, aumente ahora el ya a todas luces excesivo número de miembros del tal Gobierno -de ocho a diez- dado el tamaño y el número de habitantes de nuestra ciudad. La proporción gobernantes/gobernados de Melilla bate tristes y despilfarradores récords mundiales históricos.

En esas circunstancias, ¿no resulta comprensible que nos duela que tengamos que pagar tantos impuestos para pagar a tantos colocados innecesarios?

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1 Comentario

  1. F. José 04/08/2021

    Qué “pesaos” son ustedes… Se destruye lo malo. Y las estatuas y monumentos fascistas lo son. Todo lo que huela a dictadura hay que quitarlas por el bien de todos… Y así lo ha querido la mayoría de sus ciudadanos a través de sus representantes…

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