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Carta del Editor

Oscuridad en nuestras fronteras

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Nuestras fronteras con Marruecos y su situación llaman mucho la atención y preocupan a muchos melillenses, especialmente a empresarios y comerciantes. La Delegación del Gobierno en Melilla y la Delegada, ese oscuro objeto sonriente, explican poco, pero alguna vez transmiten algo que les han ordenado transmitir. La página siete de nuestro periódico del domingo recogía un oscuro y escueto comunicado de la delegada del Gobierno, con la epidemia -no pandemia- del covid como argumento/excusa, para comunicar que nuestras fronteras con Marruecos continúan como estaban y que no se sabe cuándo terminará la parálisis, ni en qué sentido, ni qué país puede tomar la iniciativa del cambio, si se produce. El tiempo pasa, pero no para los burócratas.

Lo que sí llama la atención es la curiosa propuesta de Vox de cerrar nuestras fronteras con Marruecos hasta que nuestro incómodo vecino reconozca oficialmente la españolidad de Melilla y Ceuta, o sea, cerrar las fronteras para siempre, considerando la palabra “siempre” como un periodo de tiempo lo suficientemente largo como para que afecte a tres o cuatro generaciones, esto es, algo más de 100 años, para empezar. Desde el punto de vista de la expansión del comercio como sustento del desarrollo de los pueblos la propuesta de Vox no parece muy acertada, pero los partidos políticos son así, tienen sus específicos, a veces muy extraños, objetivos electorales.

El adiós de Angela Merkel, acompasado por el himno a la libertad del gran Beethoven, ha sido la gran noticia política internacional de la semana. Han marcado toda una época los dieciséis años en los que esa alemana procedente de la Alemania del Este ha ocupado el cargo de canciller del país motor económico de Europa. Ha recibido a lo largo de esos años numerosas, e inevitables en la vida política, críticas, pero también muchas alabanzas, incluso más que críticas y especialmente significativas en su momento del adiós. La sensatez de la que ha hecho gala y la estabilidad que consiguió son su gran legado. El nuevo gobierno alemán, también resultado de una coalición, no va a tener fácil superar el legado de Angela Merkel, ni su tan peculiar gran carisma.

Más de política: un tal Pablo Casado Blanco escribe, muy bien, en “La Tercera del ABC” del domingo pasado, sobre la España real y la oficial, y el “abismo” que se ha abierto entre ambas Españas. De la propaganda gubernamental a la situación económica real también hay un evidente y profundo abismo. “Traspasar los poderes del Gobierno a la sociedad” es la propuesta de Casado. Más libertad es el camino a recorrer para que llegue el progreso, cree -y cree bien- ese tal Pablo Casado, que resulta que es el presidente del Partido Popular, cuyo Congreso dura todos los días de esta semana y terminará el domingo con el discurso, presuntamente triunfal, de Casado en la plaza de toros de Valencia, el primer gran paso, según el deseo del PP, para que el presidente del partido se convierta en presidente del Gobierno. Ya iremos viendo, allá, en el conjunto de España, y aquí, en Melilla, donde la cosa política no está nada clara. El enfermo, como diría un médico, tiene muy mala pinta.

Sorprende el autor de las siguientes frases: “Las sociedades que leen y que quieren leer, que compran libros y que rechazan los negacionismos, son las más saludables…El gran progreso de las sociedades empezó el día en que se descubrió la libertad de pensamiento y expresión”. ¿Quién ha dicho eso? JL Rodríguez Zapatero, aunque pueda parecer imposible. Sería muy conveniente que su partido, en lo que se refiere a leer más y respetar también más la libertad de pensamiento y expresión, le hiciera más caso.

No sorprende tanto que, como era previsible, se vaya comprobando que fabricar -lo que sea- más cerca, sin depender de China, es aconsejable. Los primeros que se han dado cuenta han sido las empresas de componentes electrónicos y las firmas textiles. A veces lo barato -como fabricar en China (Evergrande, la explosión del ladrillo chino, lo ha puesto de manifiesto)- termina saliendo caro.

Posdata

Son muy buenos y muy alabados los artículos de José Antonio Cano Martín sobre “Melilla hace 100 años” que venimos publicando los domingos. José Antonio es colaborador de MELILLA HOY desde hace más de dos décadas y ha escrito, durante ese largo tiempo, artículos semanales sobre la historia de nuestra ciudad y sus alrededores. Es autor, entre otras, de obras como “Bu Hamara y Melilla” y de “Historia de Melilla a través de sus diarios”. Sería difícil entender la historia de nuestra ciudad sin el trabajo realizado por José Antonio en los periódicos melillenses del pasado siglo. Es José Antonio Cano, sobre todo, una excelente persona y un gran melillense, al que agradecemos profundamente su dilatada colaboración.

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