Un hombre disfruta de la lectura en un ambiente navideño.
Carta del Editor. MH. 21/12/ 2025
Enrique Bohórquez López-Dóriga
Melilla, que es muy bonita, está especialmente bonita y luminosa en estos días prenavideños, que nos trae a la memoria los famosos Cuentos de Navidad de Charle Dickens.
Que el tema de la Navidad es consustancial a Dickens lo sabe casi todo el mundo. La dulzura de la época, la alegría del fuego, que da luz y calor, y ríe al crepitar, y vela los ojos de humo —disfraz de llantos y recuerdos—, es casi un rito en un hogar, desde que en 1842 escribió su ‘Canción de Navidad’, vaso sentimental en donde han bebido tantas generaciones de lectores, grandes y chicos, hasta sentir el mareo de su ternura.
Vuelvo a pedir que nuestros gobernantes, en estos días de amor y buenas intenciones, recuerden que los melillenses, niños incluidos, necesitamos ser Comunidad Autónoma, como el resto de los españoles. Felíz Navidad para todos
Por eso recuerdo uno de los primeros libro de Dickens, ‘Un árbol de Navidad’, publicado en 1850, que termina con dos párrafos preciosos, muy suyos: “Dios es bueno! Si acaso en la parte invisible de tus ramas (del árbol de Navidad) más bajas se oculta para mí la vejez, ¡pueda yo, al menos, cuando mi cabeza empiece a blanquear, volverme a mirar este árbol con corazón de niño, impregnado de fe y de confianza infantiles! Pero hoy el árbol está adornado con luminosa alegría, cantos, bailes, y bullicio. ¡Bien venidos sean! ¡Que se conserven siempre inocentes y sean los bien venidos bajo las ramas del Árbol de Navidad, que nunca proyecta sombras tenebrosas! Pero, en el momento de hundirse dentro de la tierra, oigo un susurro que vibra por todas sus hojas: «Todo esto, en conmemoración del mandamiento de amor, cariño, bondad y compasión. ¡Todo esto, en memoria de Mí!”.
Que así sea, añado yo. Y, de paso, vuelvo a pedir que nuestros gobernantes, en estos días de amor y buenas intenciones, recuerden que los melillenses, niños incluidos, necesitamos ser Comunidad Autónoma, como el resto de los españoles. Felíz Navidad para todos.
La Navidad es una buena ocasión para leer, que no es solo un placer individual, sino un asunto que afecta a la prosperidad económica e incluso al nivel de justicia social de un país. Las palabras vuelan, lo escrito permanece, dice un antiguo proverbio. La invención de la escritura y de un sistema cómodo de registro sobre papel ha ejercido en el desarrollo ulterior del género humano una influencia mucho mayor que ningún otro avance espiritual en la historia de la humanidad, escribió el historiador americano James H. Breasted.
La Navidad es una buena ocasión para leer, que no es solo un placer individual, sino un asunto que afecta a la prosperidad económica e incluso al nivel de justicia social de un país. Las palabras vuelan, lo escrito permanece
Tres temas sobre los que he leído estos últimos días me permiten saber hoy más que ayer, pero menos que mañana.
Leo, por ejemplo, un artículo que mantiene que Stalin era un lector voraz y también un asesino implacable, una combinación que se antoja incompatible. Quizás la explicación se encuentra en el libro ‘Stalin’ de Adam B. Ulam: Stalin estaba corrompido por el poder absoluto, que convirtió a un político implacable -pero no tan insólitamente implacable en el medio soviético- en un tirano monstruoso.
Leo sobre España y el 250 Aniversario de la Independencia de los EE.UU. En 1776 el mundo cambió. Bajo el reinado del gran Carlos III – el mejor rey español, según muchos historiadores- la ayuda española cruzó el Atlántico rumbo a las 13 colonias que se manifestaron a favor de la independencia y contra Inglaterra. Las remesa de plata, los Reales de a Ocho, que España envió ayudaron mucho al nacimiento de esa nueva nación e incluso dieron origen al dólar norteamericano. España apoyó mucho a los Estados Unidos, que le respondieron con inmensa ingratitud.
Leo que en 1950, el Ejército del Pueblo de Corea, con Kim II Sung, se hizo con el poder absoluto. En 1953 se produjo la división de la provincia de Corea y la creación de Corea del Norte y de Corea del Sur. Desde entonces, existe lo que los historiadores británicos Richard Dannatt y Robert Lyman definen como ‘La guerra olvidada’ en su libro ‘Corea: la guerra sin fin’. Aproximadamente 13 millones de personas han muerto, la mayoría de ellos civiles. Kim II Sung murió en 1994. Kim Jong-un, actual dictador de Corea del Norte, heredó de su padre, Kim Jong-il, en 2011, continuando así la dinastía comunista Kim, que inició su abuelo. Por cierto, mientras la renta per cápita de Corea del Sur supera los 70.000 dólares, la de la comunista Corea del Norte apenas supera los 1.300 dólares. Esa es la diferencia entre la libertad, Corea del Sur, y la falta de libertad comunista (el control absoluto y el aislamiento), Corea del Norte. Algo similar ocurre en otros muchos países del mundo: la libertad y el Iibre mercado es riqueza, el comunismo/socialismo (todo público, en manos de un dictador) es pobreza y muerte. Viva la libertad.
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