El Automotor Michelin fue un tren revolucionario diseñado para mayor confort.
André Michelin diseñó en 1929 un tren innovador y cómodo rodante sobre neumáticos, llamado Automotor Michelin. Aunque no tuvo gran éxito, destacó por su confort y fue un precursor en la evolución del transporte ferroviario. Su historia refleja la importancia de la creatividad en la ingeniería.
Hace 95 años André Michelin diseñó un innovador tren pensando en la comodidad de los pasajeros… y en su propio negocio. Fue toda una innovación en confort y velocidad a pesar de su extravagancia.
A finales de los años 20 André Michelin viajaba en un tren soportando los traqueteos y la incomodidad de los vagones de aquellos años cuando se le ocurrió que él podía diseñar un tren mucho más cómodo, en el que los pasajeros pudieran disfrutar de un confort desconocido hasta el momento. Se le ocurrió la idea de crear el primer tren que rodaría sobre neumáticos. Se puso a trabajar y en 1929 ya estaba listo el primero prototipo, desarrollado a partir de un Renault 40 CV.
Aquel extraño tren, que era un cruce entre un autobús y un vagón ferroviario se enfrentó a uno de los primeros problemas: la escasa resistencia de los neumáticos de aquella época. La solución fue poner más ruedas para repartir el peso. Hubo algunos prototipos con hasta diez ejes y 144 neumáticos, además de utilizar materiales más ligeros para disminuir la carga sobre las ruedas.
El primer tren sobre neumáticos
Las ventajas del sistema Michelin eran evidentes, ya que se producía un menor desgaste de la vía, se podían utilizar motores menos potentes para mover trenes más ligeros y, sobre todo, era más confortable. En 1931 ya estaba listo el primer modelo de producción que se utilizó para una gira por Europa y Estados Unidos para mostrar sus virtudes. El éxito no fue el que Michelin esperaba, pero aun así vendió su Automotor a varias compañías ferroviarias, sobre todo en Francia y en las colonias francesas de África y a Madagascar, donde algunas unidades estuvieron en servicio durante muchos años.
El Automotor Michelin no paró de evolucionar durante los años siguientes, pero el más conocido fue el Type 56, que era capaz de alcanzar los 124 km/h, una auténtica “alta velocidad” de la época, sobre todo teniendo en cuenta el excelente confort de marcha que proporcionaba en comparación con los trenes tradicionales. Aunque no tuvo una gran difusión sí que se hizo conocido y los Automotores Michelin recibieron el sobrenombre de las “Micheline”.
El fin
No todo eran ventajas ya que los neumáticos soportaban enormes cargas y requerían un mantenimiento mucho más complicado y caro de lo previsto. Poco a poco los motores diésel fueron evolucionando, al igual que lo hicieron los sistemas de suspensión de los vagones. La Segunda Guerra Mundial acabó con el Automotor Michelin, aunque en algunas de las colonias francesas siguieron funcionando hasta los años 70, convertidos en curiosas rarezas de la ingeniería.
Todavía hoy, el Automotor Michelin es uno de esos inventos salidos de una antigua película de ciencia ficción o de una extraña evolución del automóvil. Fue un experimento arriesgado y curioso que no funcionó, pero que demostró, con un toque de elegancia, que la innovación depende de grandes y, a veces, sorprendentes ideas.
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