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Economía Opinión

Mercantilismo y keynesianismo

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John Maynard Keynes
John Maynard Keynes fue un economista británico, considerado como uno de los más influyentes del siglo XX. Sus ideas tuvieron una fuerte repercusión en las teorías y políticas económicas

Cuando se estudian las doctrinas mercantilistas y keynesianas, sorprende la cantidad de similitudes que se observan.

Las doctrinas mercantilistas impulsaron la colonización de tierras y su uso para la extracción de materias primas. Si bien sus ideas fueron desmontadas por los economistas clásicos, muchas perduran en la actualidad, enmascaradas en socialismo, progresismo y demás pamplinas. Estos mismos señores con chaqueta de pana que se presentan a sí mismos como progresistas fueron los que, siglos atrás, buscaban tierras que colonizar para acumular medios de pago (oro y plata).

Uno de los puntos en común entre el pensamiento mercantilista y el keynesiano es la idea de que la economía nacional tiene unos intereses enfrentados distintos a los intereses de sus propios ciudadanos. A su vez, defienden que la acumulación de medios de pago deriva en mayor gasto, lo que estimula la demanda agregada y acaba aumentando la producción agregada. Además, esta acumulación de medios de pago puede derivar también en una rebaja de los tipos de interés, lo que incentiva la inversión y, por tanto, la producción futura. Finalmente, los mercantilistas veían el comercio entre naciones como un juego de suma cero. Se imponen trabas a la importación mientras se busca que las exportaciones crezcan. Una balanza comercial deficitaria se ve como un mal que combatir.

Los autores keynesianos defienden que aumentar la oferta monetaria conduce a una mayor demanda agregada, lo que acaba incrementando la producción. Obvian un principio económico fundamental: para consumir, primero hay que producir. Es decir, para que un agente económico pueda adquirir bienes y servicios en el mercado, este primero deberá producir bienes que otros agentes demanden. La oferta es, por tanto, la que genera su propia demanda. El dinero no es más que un bien de intercambio, carente de utilidad si no existe producción. El objetivo de una sociedad debe ser incrementar su producción, y no incrementar la cantidad de dinero en circulación.

En cuanto a los tipos de interés se refiere, estos dependen de la relación entre oferta y demanda de crédito. Los keynesianos abogan por reducir los tipos de interés para incrementar la inversión, y ven los tipos de interés como un fenómeno monetario. Los tipos de interés, sin embargo, cumplen una función vital para una economía basada en la división del trabajo: permiten la acumulación de capital. Alterar los tipos de interés puede llevar a malas decisiones de inversión que acaban afectando la estructura productiva de un país.

Finalmente, el proteccionismo viene de la idea de que las economías nacionales tienen unos intereses distintos a los individuos que la conforman. Establecer barreras comerciales para defender la “industria nacional”, así como incentivar la producción en industrias exportadoras choca con la idea del libre comercio defendida por los economistas clásicos. El comercio no es juego de suma cero. Cuando dos agentes establecen una relación comercial, esta beneficia a ambos. ‘Proteger’ la industria nacional lleva a una estructura productiva ajena a las realidades del país. Los perjudicados de estas medidas proteccionistas son la mayoría de los ciudadanos, quienes se ven forzados a consumir un producto nacional que no desean, y a mantener con sus impuestos una industria que no es competitiva a nivel global.

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