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Carta del Editor

Melilla: una sociedad mixta, un desastre económico y una política asquerosa

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Brujuleando por La Librería, de Melilla, vi y compré un libro de curioso y hoy no demasiado frecuente título, “Elegías a la patria”, de un premiado -Premio Pulitzer de Drama y Premio de Literatura de la Academia Estadounidense de Artes y Letras- escritor norteamericano de origen y padres pakistaníes, Ayad Akhtar.
Aparece en el libro Donald Trump, al que el padre de Aktar, médico, trató como paciente y al que Ayad critica duramente. Aparecen, también, el 11S y la destrucción del World Trade Center; la partición de Pakistán -“mi padre odiaba la lectura estándar de la historia (¿fueron los británicos los que despedazaron a sus excompañeros de clase, los que decapitaron a sus vecinos musulmanes e hindúes, los que quemaron a sus hijos en la hoguera, o fuimos nosotros?); Afganistán en 1982, cuando todavía estaban allí los soviéticos (para nosotros el auténtico mal soviético no era el socialismo, sino el ateísmo); la obra de Rushdie (sus Versos satánicos); Riaz, o el mercader de la deuda (la deuda tiene valor como facilitador del capital, interesantísimo concepto desde el punto de vista económico); el odio a pagar impuestos (tenemos que quedarnos con nuestro dinero, no podemos dárselo a ellos); sus padres y sus tíos que terminan abandonando Estados Unidos y volviendo a Pakistán; y el final del libro, que explica lo de la elegía a la patria: “Estoy aquí porque nací y me crié aquí. Es donde he vivido toda mi vida. Para bien o para mal, y siempre hay un poco de ambas cosas, no quiero estar en ninguna otra parte. América es mi hogar”.
“The Washington Post”, en la contraportada del libro de Ahhtar, escribió: “El desafío de recordar la propia identidad en una cultura racista está en el corazón de ‘Elegías a la patria’. Una fusión excepcional de memorias, ficción histórica y análisis cultural”. Nosotros, los melillenses, con nuestra composición étnica, deberíamos reflexionar profundamente sobre esto, sobre la actitud de los melillenses españoles de siempre, sobre la de los melillenses españoles procedentes de otros países, sobre el hecho de que Melilla -como los Estados Unidos de América- es ya una sociedad mixta que, evidentemente, no se puede basar (tampoco digo que se base y ahí está la historia de España) en “una cultura racista”, como dice de Norteamérica el diario The Washington Post.
Aomar Mohamedi Duddú escribió para nuestro periódico un artículo el 25 de febrero de 1999, recién vuelto a Melilla, en el que se declaraba “orgulloso de mi componente marroquí, de mi componente beréber, de mi componente español y hasta de mi ascendencia andalusí”. Aomar era muy peculiar y muy listo. Ahora, aunque los sentimientos se puedan compartir, a veces compartir las nacionalidades es imposible, así que no se puede ser -oficialmente- español y marroquí al mismo tiempo. Duddú es marroquí y hay melillenses que se alegran de que así sea, de que no sea español y no viva en Melilla. Pero yo, la verdad, le echo de menos.

El futuro económico melillense
Sobre la actual situación económica de Melilla hay pocas dudas y ninguna discrepancia: es una catástrofe sin paliativos. Sobre el futuro deseable, aparte de que ha de ser muy diferente del presente, ya hay distintas opiniones.
Una de ellas -con la que coincido y que ya desarrollé cuando presentamos, con nuestra Sociedad para el Desarrollo de Melilla (SODEMEL) un Plan de Desarrollo con propuestas concretas que el Gobierno local de entonces desoyó o ralentizó- es la que publicamos el pasado jueves con un artículo de Gonzalo Fernández. Decía el artículo que “la única opción segura para el desarrollo sustentable de la ciudad sería la generación de pequeñas empresas con orientación tecnológica y potencialmente con gran valor añadido…Pero esa orientación tecnológica requiere de personas con la adecuada preparación téc¬nica, que si fuera necesario tendrían que ser traídas desde fuera, proporcionándoles los estímulos adecuados, para así crear una base de conocimiento que luego pudiera ser completada y extendida con personal local, mediante la formación proporcionada por esas empresas nacientes y con la colaboración del gobierno local… Lamentablemente todas las teorías económicas que podamos estudiar se quedan sola¬mente en eso, en teorías, a no ser que exista una voluntad firme y prolongada en el tiempo de los responsables locales para adaptarlas y aplicarlas”.
El germen de esas pequeñas empresas con orientación tecnológica y con gran valor añadido ya existe en nuestra ciudad, con la sociedad Midala de venta on line – la Amazon de Melilla- y SODEMEL. La voluntad de que ese germen no se quede en teoría existe por nuestra parte, pero ahora es necesario, o al menos es conveniente, que los “responsables locales”, los políticos que hemos colocado en el Gobierno, apoyen, en vez de obstaculizar, esos intentos de creación y consolidación de empresas con orientación tecnológica y capaces de crear un gran valor añadido, una notable diferencia entre el precio de los bienes y servicios terminados y los costes del proceso productivo. Ese es el único camino para que una ciudad con las características estructurales de Melilla pueda lograr el desarrollo económico y la prosperidad de sus habitantes.

Posdata
Prefiero no escribir sobre la política local, que da bastante asco.

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