Se observa el cierre de la frontera en Melilla, afectando el tránsito diario.
Se cumple el sexto aniversario del cierre fronterizo por el covid-19
Este 13 de marzo se cumplieron seis años de un hecho que cambió profundamente la realidad social, económica y humana de Melilla. A las seis de la mañana de aquel día de 2020 entraba en vigor el cierre “sine die” de los pasos fronterizos terrestres con Marruecos, una decisión adoptada unilateralmente por el país vecino que dejó a la ciudad sin sus puentes naturales con las zonas limítrofes. Seis años después, aunque la frontera se reabrió parcialmente en 2022, las consecuencias de aquel cierre siguen marcando el presente.
La decisión marroquí se comunicó a las 22.00 horas del 12 de marzo de 2020, anunciando que los pasos quedarían cerrados apenas ocho horas después. Un margen claramente insuficiente que dejó a cientos de personas atrapadas a ambos lados de la frontera. Muchos ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar. Otros ni siquiera llegaron a enterarse.
La situación obligó a las instituciones melillenses a improvisar soluciones de emergencia para acoger a quienes habían quedado bloqueados en la ciudad. Primero fue el pabellón Lázaro Fernández. Después un campamento habilitado en el V Pino, que incluso llegó a inundarse durante una lluviosa noche de abril. Más tarde sería la Plaza de Toros la que serviría como refugio provisional. Incluso el cementerio musulmán llegó a albergar durante semanas a un grupo de mujeres. Aquellos episodios reflejan hasta qué punto el cierre de la frontera generó una crisis humanitaria silenciosa que pocos recuerdan hoy con la intensidad que merece.
Durante 795 días, la frontera permaneció completamente cerrada. No fue hasta el 17 de mayo de 2022 cuando el paso de Beni-Enzar, el principal punto de conexión entre España y Marruecos en la ciudad, volvió a abrir sus puertas pasada la medianoche. Sin embargo, la reapertura no supuso un regreso a la normalidad.
Marruecos introdujo nuevas condiciones para el cruce, entre ellas la obligatoriedad de presentar el pasaporte incluso para quienes antes podían pasar simplemente mostrando su DNI con residencia en Melilla, en virtud de los acuerdos de buena vecindad. Aquella exigencia provocó una avalancha de solicitudes en la Policía Nacional para obtener el documento, hasta el punto de que las citas se agotaron en cuestión de horas, en una escena que recordaba al caos de los puntos de vacunación durante la pandemia.
Pero el cambio más profundo no fue administrativo, sino estructural. Antes de marzo de 2020, Melilla contaba con tres pasos fronterizos activos —Beni-Enzar, Farhana y Barrio Chino— por los que transitaban diariamente unas 30.000 personas y 4.000 vehículos. Hoy la realidad es muy distinta: solo permanece abierto Beni-Enzar y el flujo diario se ha reducido aproximadamente a 7.500 personas y 1.700 vehículos, según han informado a MELILLA HOY fuentes de la Delegación del Gobierno.
La frontera no solo se ha estrechado físicamente; también se ha reducido su función económica. El tránsito de mercancías desde Melilla hacia Marruecos quedó prohibido, pese a que el régimen de viajeros contemplaba históricamente ese intercambio. En sentido contrario, aunque con restricciones, sí se permite el paso de productos. Una asimetría que muchos en la ciudad consideran difícil de explicar y aún más difícil de aceptar.
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