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Melilla no debe estar al margen del Día Internacional para la Tolerancia

La tolerancia es mucho más que la coexistencia pacífica de culturas diferentes. Es una actitud activa y positiva, inspirada en el reconocimiento de y el respeto hacia los derechos y libertades de los demás. Esto significa que la preocupación por los demás debe prevalecer por encima de la insensibilidad y el desprecio, y que un esfuerzo por conocer al «otro» tome el lugar de la ignorancia, del prejuicio ciego y de la discriminación. Significa el ejercicio vigilante de una ética de responsabilidad, preocupada por la integridad del ser humano y sustentada en nuestra lealtad hacia una humanidad digna de tal nombre. Más que una virtud moral, es un ejercicio razonado a través del cual podemos definir, juntos, mediante el diálogo, los intercambios y la aceptación de la diferencia, los valores en los cuales deseamos cimentar nuestra existencia.
La condición humana siempre se ha caracterizado por la diversidad. Sin embargo, lamentablemente, la aceptación por la humanidad de esa diversidad ha brillado por su ausencia. La intolerancia hacia «el otro» sigue provocando a diario gran sufrimiento humano.
La creación de una cultura de tolerancia es un primer paso importante. Dicha cultura debe basarse en un aumento de la protección jurídica y de la educación. Ahora bien, también es necesaria la iniciativa personal. La tolerancia no puede significar simplemente la aceptación pasiva de las supuestas peculiaridades de los demás. Debe implicar el esfuerzo activo de todos nosotros por conocernos mejor, comprender en qué se basan nuestras diferencias y descubrir lo mejor de las creencias y tradiciones de los demás. Sólo mediante este proceso de descubrimiento podremos darnos cuenta de que lo que nos une como seres humanos es mucho más fuerte que lo que nos divide.
Si deseamos lograr la paz debemos empezar a respetarnos unos a otros hoy mismo, reconociendo que cada uno de nosotros tenemos derecho a definir nuestra propia identidad y a pertenecer a la religión o cultura que deseemos, y comprendiendo que podemos amar lo que somos sin odiar lo que no somos.
La tolerancia no debe confundirse con la claudicación o la condescendencia. La auténtica tolerancia significa apertura, curiosidad y comunicación. La tolerancia va de la mano del conocimiento y la comprensión. La educación es una de las mejores formas de prevenir la intolerancia, pues pone de manifiesto las semejanzas entre las personas y fomenta un sano respeto de las diferencias.
La tolerancia tampoco debe confundirse con la indiferencia. Ser tolerante no significa ser pasivo frente al racismo, la xenofobia o la exclusión ni guardar silencio cuando las minorías, los refugiados, los trabajadores migratorios y otros grupos vulnerables sufren abusos. La tolerancia nos exige a todos que actuemos y salgamos en defensa de todas las personas privadas de sus derechos y libertades fundamentales.
La tolerancia es la base del respeto mutuo entre las personas y las comunidades, y es esencial para construir una sociedad mundial unida en torno a valores comunes. Es una virtud y una cualidad, pero ante todo, la tolerancia es un acto: el acto de acercarse a los demás y ver las diferencias, no como barreras, sino como una invitación al diálogo y la comprensión.
La tolerancia no puede darse por sentada. Debe ser enseñada, inculcada y comunicada. La educación, dentro y fuera de las aulas, es esencial para reforzar la tolerancia y combatir el odio y la discriminación.
En este Día Internacional para la Tolerancia, comprometámonos a convertir en realidad estas palabras, a celebrar nuestra diversidad y aprender de nuestras diferencias, y a utilizar esas diferencias para fortalecer los vínculos que nos unen como seres humanos, asumamos el compromiso de estar siempre abiertos a los otros, tanto en corazón como en mente. Practiquemos la tolerancia activa que nos ayudará a construir el mundo más seguro y pacífico que todos aspiramos. Reafirmemos la idea de que la diversidad, tanto de pensamiento como de creencias y de acción, es un don preciado, no una amenaza, y procuremos edificar comunidades más tolerantes, imbuidas de ese ideal esencial.

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Melilla no debe estar al margen del Día Internacional para la Tolerancia

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