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Carta del Editor

Madrid e Isabel Díaz Ayuso

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Id de Madrid

Como estoy en Madrid, oigo hablar -bien- todavía más de Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad. Isabel, leo, “devuelve la libertad horaria a la hostelería y el ocio nocturno”, y lamenta “el daño gratuito que han causado las decisiones de algunos políticos basadas en el miedo”.
También propone “renovar el PP de Madrid” y hacerlo pronto, con ella como presidenta. A Génova, la sede central del PP, parece que no le gusta demasiado la idea, pero ya veremos, porque las razones que ella esgrime -los votos que Isabel consiguió en las elecciones que ella decidió adelantar, en contra de la opinión del partido- son muchas y muy poderosas.
Es interesante para nosotros, los melillenses, lo que puede ocurrir en este caso madrileño, porque en nuestra ciudad -que es una ciudad laboratorio, que debería ser una especie de “polis” griega- el PP se encuentra ante una situación en cierto modo parecida a la de Madrid, en una pugna entre el cambio, que muchos ven imprescindible, y el conservadurismo, con el agravante, para nuestra ciudad, de que el PP con Juanjo Imbroda como posible presidente del partido, se jugaría todo -o sea, la gobernabilidad- a la obtención de al menos 13 diputados, la mayoría absoluta, ante la prácticamente imposible capacidad de pactar con otros partidos en el caso de no lograr esa mayoría absoluta.
Volviendo a Madrid, la ciudad donde tan bien estoy y en la que tan libre me siento, entran ganas de exclamar: ¡Madrid, Madrid, Madrid!, que es capital de España desde que Felipe II, en el año 1561, trasladó aquí (escribo esto desde Madrid) la corte. Madrid es la ciudad donde nadie es forastero, es la refutación de cualquier nacionalismo, es una ciudad que vive y deja vivir, es una ciudad que crece, es una ciudad fascinante. Merecía una presidenta como Isabel Díaz Ayuso, que también es una política fascinante. Y merece un libro tan magistral como el “Madrid”, de Andrés Trapiello, que llegó a esta ciudad hace cincuenta años, probando fortuna y la encontró en “la hospitalidad de cuantos viven en Madrid”.
No podía irme de Madrid sin visitar la Feria del Libro, ubicada en el maravilloso parque del Retiro. Visita que era mi ilusión y, al mismo tiempo, mi perdición, porque, aunque leo mucho, compro libros a mayor ritmo del que puedo leerlos, así que se me acumulan en todas partes. Entre los muchos que he comprado en mis dos visitas a la Feria destacaría dos. Uno, de Santiago Muñoz Machado, “Los itinerarios de la libertad de palabra”, que el autor define como “una libertad (la de expresión) esencial para la conservación de los derechos y valores democráticos”, libertad que -como estoy teniendo ocasión de comprobar en el transcurso de la elaboración de mi libro sobre los últimos 37 años de Melilla- tantas veces ha sido conculcada. El segundo, “Ñamérica”, de Martín Caparrós, quizás el mejor cronista actual de América Latina, a la que define así: “Somos 420 millones. Somos 19 países. Somos un idioma. Pero ¿qué somos?” Lo que es evidente es que todos esos países -con la excepción de Brasil- nacieron de España, como bien destaca Martín Caparrós. Por cierto: están aumentando, con respecto al mejor año anterior, más del 40% las ventas de libros, de papel, en la gran Feria del Libro del Retiro madrileño.

Melilla siempre presente
Aunque estoy en Madrid, leo diariamente el MELILLA HOY. Resaltaba Francisco Bohórquez en su artículo del jueves pasado que el gran economista guatemalteco Manuel F. Ayau -fundador del Centro de Estudios Económico Sociales (CEES) y de la Universidad Francisco Marroquín, del que no he encontrado nada en la Feria- define los pre­cios, en su libro “Un juego que no suma cero”, como “transmisores de información”. Y concluye Francisco que “esta información es nece­saria para la toma de decisiones de los agentes económicos. Cuando al comerciar se alteran los precios vía aranceles -o a través de cualquier otro método intervencionista- la estructura productiva de los países no se ajusta a la realidad. Es decir, los recursos se emplean de una manera ineficiente”. Es lo que está ocurriendo con el gobierno socialcomunista actual.
También dedicó muchos escritos Manuel Ayau -uno de los más influyentes liberales de la América Hispana- a demostrar la estrecha relación que existe entre la inflexibilidad laboral, tan propia de gobiernos socialcomunistas como el que actualmente padecemos, y la falta de progreso, que también padecemos, muy especialmente en Melilla.
Asimismo leí, entre otros, el artículo de ese mismo día de Gonzalo Fernández, perfectamente aplicable a Melilla: “Donde China tiene debilida­des obvias es en el sistema político, que favorece e inclu­so impulsa la corrupción y el nepotismo derivados del siste­ma, favoreciendo a los miem­bros del partido y a los ami­gos, no a los más capaces”. Es un mal antiguo y muy extendido, del que Melilla no es la excepción.

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