Llenamos estos días de buenos deseos, aunque debería serlo el resto del año. La Luz se encendió una noche de un 24, pero le damos de vida lo que dura una vela. Y esa Luz vino para iluminar nuestra existencia, las tareas diarias, y de esta manera amar a otros. Es la clave de la felicidad. La Luz siempre estará, aunque nos alejemos y veamos en las de neón el resplandor del instante, de aquello fugaz que deslumbra, pero no siembra. Para que ver lo que no es el fondo, para que oscurecer la Luz que no se extingue. Hay sitio para todos, pero no quitemos un lugar para cada uno y no enredemos buscando un rédito y así ocupar el sillón. Quien es Luz no nació en palacios, pero en cambio es el hombre que cambió la humanidad. Que las distancias sociales causadas por la pandemia no quiten sentimientos ni veamos en el otro a quien puede traer mal. Medidas sanitarias, pero con la Luz junto a nosotros. En este tiempo vuelve a nacer la Luz. A todos los hombres y mujeres, ¡Feliz Navidad!
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