Jesús, quien en el Gólgota se convirtió en el Redentor de todas las almas y seres humanos, fue torturado hasta la extenuación por el adversario. Fue burlado y escarnecido con la intención de hacerle desistir de Su misión, y que Él, el gran Espíritu, el Príncipe de la Paz, el Corregente de la Eternidad, renegase de Dios.
Pero Él permaneció firme en la misión que aceptó de Dios y que le era consciente en su alma luminosa y también en Él como ser humano. Jesús tuvo que soportar toda la humillación, el tormento, la tortura y el sufrimiento que los esbirros de las tinieblas le impusieron, y que ya antes de ser tomado preso conocía.
Jesús de Nazaret dijo: «Porque yo sé de dónde vengo y adónde voy. Pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros no me conocéis a Mí ni a Mí padre. Si Me conocierais también conoceríais a Mi Padre. Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, Yo no soy de este mundo. Yo solo le digo al mundo lo que he escuchado de Aquél que me ha enviado; y lo que Él dice es verdad». Con estas palabras expresó claramente qué misión traía a Su vida terrenal.
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Los torturadores de Jesús eran esbirros de las tinieblas
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