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Opinión

Los sacrificios son siempre para los mismos

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Centro de salud

Que Melilla es una ciudad española diferente, lejos de ser un slogan de promoción turística, es una realidad palmaria de tinte pernicioso en los últimos tiempos,  y que Ceuta nos acompañe en esa naturaleza diferente del resto de España, es un consuelo sólo para tontos e idiotas crédulos, y para solaz de quienes ven en ello su oportunidad para desnaturalizar a la sociedad melillense. 

Ello nos hace ir a la deriva, hacia una situación que entre otras cosas malas, nos lleva a mantener unos datos insensibles al de la mejoría, que el resto de España está experimentando en el estado la epidemia; y ello obliga a la autoridad sanitaria a mantener las restricciones, cuando en el resto de España cada vez son menores, e incluso éstas ya no existen. Pero no es coherente que desde Salud Pública se argumente, que la bajada de los datos se debe a las medidas y que ello justifica su mantenimiento; la lectura debería de ser otra, y es que a pesar de esas medidas no se logra mejorar al ritmo del resto de España, lo que permite suavizarlas e incluso abolirlas totalmente, y ello obliga a su revisión para su modificación, no para su mantenimiento.

La epidemia en Melilla parece haberse enquistado, y sólo queda apelar a lo más próximo o cercano, para intentar llegar a donde la administración no sabe o no puede llegar, me refiero a la familia y al círculo íntimo de amigos; ellos son los canales que restan por utilizar -de forma metódica y coordinada-, para alcanzar mejores datos de los actuales en la vacunación, y a ellos deberían de dirigirse los mensajes sensibilizadores, para recabar su colaboración en tal empresa, ya que a todos nos atañe.

Y así estamos, porque en otro frente, intentar controlar el “yacimiento” de casos que suponen los menores tutelados, parece un objetivo imposible de lograr, porque llevamos muchos meses con brotes de mayor o menor volumen en este ámbito, sea en los centros de menores o en los pisos tutelados. Para muestra, basta ver las cercanías del Centro Asistencial (Gota de Leche), donde entre los menores y algunos mayores, la distancia y las mascarillas brillan por su ausencia.

La Administración General del Estado ha fijado el día 1 de octubre, para dar por finalizado el teletrabajo que la pandemia trajo, por ello y tras comenzar las clases con presencialidad plena, no hay motivo -al menos ligado a la propia epidemia-, para que no se alcance la normalidad en la asistencia sanitaria de nuestra ciudad, sin que ello suponga renunciar al uso de herramientas asistenciales a distancia, cuando ello sea posible y así lo solicite el paciente. 

El otoño ya está aquí, y mantener encendido de modo permanente, el fogón de los contagios y nuevos casos, es darle una oportunidad al virus que seguro no va a desaprovechar, y menos cuando lleguen los cuadros virales respiratorios de la época que ahora empieza. 

N.A.- Es una buena noticia, el inicio de la administración de la tercera dosis de la vacuna en ciertos grupos, y ya expresé mi convicción de que será más amplia aún -incluso apunté que la campaña de vacunación antigripal era una inmejorable ocasión para ello-; por eso me resulta incomprensible que haya personas, de estos colectivos de riesgo, que aún se lo cuestionen, y debo de hacer una llamada de responsabilidad a su entorno familiar y sanitario. Ya han muerto demasiadas personas, para que existan dudas de algún tipo.

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