melillahoy.cibeles.net fotos 1082 Julio Liarte ddd
Liarte debería hacer un favor a los melillenses y dejar sus manías y obsesiones a un lado para dedicar los últimos meses de esta legislatura a hacer algo de provecho, a trabajar por Melilla, que es lo que sus escasos votantes le encomendaron. Y de paso, dejar de dar lecciones al resto Dice Julio Liarte, el diputado que más dinero cobra de la Asamblea por no hacer nada, que "si Melilla no tiene un interventor de carrera es porque Imbroda ha querido evitar que se controlara adecuadamente el destino del dinero público". Esta frase recuerda a otra en la que afirmó que si algún día llegaba a gobernar, en los tribunales de las oposiciones en la Ciudad Autónoma no habría funcionarios de dicha administración, sino únicamente del Estado. Después de decir todo esto, es de suponer que Liarte se ha quedado tan fresco, como cuando colaboraba en un digital de marcado tinte homófobo que llegó a comparar a las mujeres de origen bereber de esta ciudad con ratas por el alto índice de natalidad que hay en la comunidad musulmana. Liarte nunca llegó a condenar públicamente al medio para el que escribía a pesar de que le instaron a ello en la Asamblea, y sin embargo se permite el lujo de seguir dando lecciones de moralidad al resto, aun cuando es cada vez más evidente que tiene bastante por lo que callar en este sentido.
Está claro que desde hace tiempo los empleados públicos municipales forman parte del grupo de personas a las que el diputado Liarte tiene manía, porque cada vez tienen una mayor presencia en el escaso argumentarlo cargado de rencor en el que se basa la actividad política de Populares en Libertad. Y eso que Liarte es funcionario de la Ciudad Autónoma aunque ahora no ejerza profesionalmente por estar ejerciendo la política. Si no tuviera esa fobia, no se entiende su empeño por sembrar públicamente la sospecha sobre profesionales por el simple hecho de ejercer su labor, de forma generalizada y sin denuncias que pudieran justificar sus dudas.
Liarte debería hacer un favor a los melillenses y dejar sus manías y obsesiones a un lado para dedicar los últimos meses de esta legislatura a hacer algo de provecho, a trabajar por Melilla, que es lo que sus escasos votantes le encomendaron. Y de paso, dejar de dar lecciones al resto, al menos mientras no explique por qué duda tanto de los funcionarios de la Ciudad Autónoma cuando su partido político está presidido por una persona doblemente condenada y tiene entre sus miembros a algunos de los implicados en la trama de los perfiles falsos de redes sociales.
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Las dudas de Liarte
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