Categorías: Opinión

Las Candelarias

Leo en la prensa del pasado 24 de junio el “vandálico” acto cometido por un grupo de gamberros, de desaprensivos muchachos que hicieron polvo la “falla” perteneciente a la Asociación de Vecinos Estopiñán. Esto me hace pensar… Todos los hoy adultos, recordamos lo que para los niños era la víspera de San Juan. Me atrevería a decir que se asemejaba a las corridas de toros, que acaba la fiesta cuando sale el primer morlaco.

Un mes antes, si acaso más íbamos de casa en casa, pidiendo cajones, paja, sillas, mesas o cuando, lo sustraíamos de la puerta del tendero que acababa de recibir una partida de bacalao. Los portales, los huecos de las escaleras, las azoteas, las cuevas, los “chitis”, estaban llenos de restos de muebles, apolillados y algún que otro semi-nuevo. Patas de sillas, crin de sillones, cartones, maderas, cajas de botes de leche y huesos de albaricoques, muchos huesos de albaricoques. El entusiasmo se transmitía a las madres y, en algunos casos, se desprendían de utensilios en buen uso para dar motivo al marido a adquirir otro nuevo y así participar de la alegría de los chicos.

Las jovencitas competían en la confección del Juan y la Juana ayudadas por los niños que “robaban” las fundas de paja de las botellas de sidra. Al terminar el colegio, con el pan y el chocolate marca “El Gato” que valía una gorda, en la mano, sudoroso, con pies y rodillas sucias íbamos a la busca y captura de algo para quemar. Nos rompíamos los pantalones y blusas (antes las camisas se llamaban blusas) y en los rasguños ¡nada de eso colorado! Sino agua oxigenada, alcohol de 90º o yodo y ¡adelante! Para evitar los “comandos” de las bandas enemigas de otros barrios, hacíamos un hueco en la pira y, cual centinela en su garita, montábamos guardia en la defensa de nuestro tesoro.

Las piras, por supuesto, no eran artísticas aunque sí enormes y cuanto más enormes más orgullo, más satisfacción, más envidia para los de la otra calle, pero era un orgullo, una envidia, una satisfacción totalmente infantil. Al día siguiente la ciudad olía a humo, lo viejo, lo inservible había sido quemado, los bomberos prestos y una gran mancha en el pavimento era lo que quedaba como recuerdo de unas horas felices. La de la calle Castelar era famosa entre las famosas. Habíamos trabajado, luchado, robado, asaltado y hasta quemado. Al día siguiente nada, solo el recuerdo. El regusto, la satisfacción.

No estoy en contra de las actuales hogueras, antes al contrario deseo que continúe y mejoren. Reconozco que el reloj no debemos ni podemos tenerlo parado pero es bien cierto que el niño ha sido desplazado por el hombre, la ingenuidad por el arte, la inocencia por la envidia, la satisfacción por el dinero, el divertimiento por el orgullo…
Nosotros sí que somos unos gamberro porque hemos robado la diversión, el ingenio, el placer y la alegría a los niños. Hemos invadido por razón de nuestra fuerza en su campo, en su terreno, en su parcela. Le hemos quitado su inventiva y su maña, su destreza, su capacidad de creación y su gusto.

Hoy son los “falleros” que diseñan, proyectan y modelan los que hacen todo esto, los chaveas no participan, solo contempla con tristeza de vencido. Quizá todo esto sea hoy mejor no lo sé, pero yo quiero recordar y recuerdo y recuerdo. Hoy, pese a quien pese, no quiero ser hombre, porque los hombres me han hecho pensar con tristeza. Hoy digo a los mayores las palabras de Aquel: Dejad que los niños se acerquen a mí…Hoy quiero, pido deseo ser y soy.

Melilla, 1 de julio de 1982
EL CIUDADANITO AGUSTINITO
(Del 4º Curso de EGB)

NOTA.- Agustín Jerez Samper, el “Ciudadano Agustinof” y en este caso “El ciudadanito Agustinito” nació en Melilla el 27 de diciembre de 1922 y contando veinte años, en 1942 obtuvo por oposición plaza de funcionario en la Administración Civil Española del Protectorado de Marruecos, con destinos en Tistutin, Segangan y Nador hasta 1961 y finalmente hasta 1962 en Beni-Enzar, cuando fue trasladado a la Granja Agrícola de Melilla.

Aficionado a la lectura y con espíritu crítico llegó a confeccionar un periódico mecanografiado y a partir de 1964 comenzó a colaborar con chispeantes artículos en la prensa local, durante muchos años en el diario Melilla Hoy, primero firmando con su nombre, desde 1968 con el seudónimo de “Agustinof” y algún tiempo más tarde bajo el de “EL Ciudadano Agustinof”. Hasta que en el año 2000 dejó de escribir. Falleciendo en Melilla el 21 de septiembre de 2004.

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